Orgullosa de sus raíces indígenas Rama

Becky, es lideresa en su natal Rama Cay y en las otras comunidades, nueve en total, que conforman el Territorio Rama Kriol.

  • 11:06 pm
  • Nov 9, 2021
Becky en una reserva Rama
República 18

Escrito por “Afro”

Es hija de padres cien por ciento de la etnia Rama, Becky Mc.Cray Urbina, abogada de profesión, defensora de su territorio, de la mujer y del medio ambiente, representó a todos los indígenas del Centro, Pacífico, Norte y el Caribe de Nicaragua, ante la Organización de las Naciones Unidas (ONU), lo que le valió ser despedida de su trabajo como funcionaria del poder judicial, en el país centroamericano.

“Soy una mujer Rama, abogada y notaria de la comunidad y territorio indígena Rama”, dice con su hablar pausado, orgullosa de quien es y de sus raíces, de sus padres, hijos y hermanos.

Su niñez, adolescencia y juventud, tres etapas importantes de su vida, las pasó en ir y venir entre Rama Cay y Bluefields, por sus estudios en la ciudad, la labor pastoral de su padre, las escapadas que hacía para meterse a la Casa de Cultura y participar en los talleres de pintura y canto, participar en un “casting” doméstico para ser parte de los carnavales del Palo de Mayo, en la década de los ochenta.

Descendiente de líderes caribeños

Su papá es el reverendo Cleveland Mc.Cray, el primer reverendo y único teólogo de la etnia Rama, ahora presbítero, candidato a ser Obispo de la Iglesia Morava. Líder ancestral, defensor de los derechos de la población indígena Rama y del proceso de autonomía, fundó y  formó parte de la primera junta directiva del Gobierno Territorial Rama Kriol (GTRK).

También, participó como oyente en la audiencia de la Corte Interamericana de Derechos Humanos (Corte CIDH), celebrada en Costa Rica, cuando se discutió el Caso Awastigni, y en marchas a nivel internacional, demandando a las Naciones Unidas (ONU) su real apoyo a otros pueblos indígenas del mundo.

A su mamá, Ana Josefa Urbina Daniels, le tocó criar sola a sus diez descendientes, por las labores pastorales de su esposo, partera comunitaria reconocida por las comunidades y por las autoridades de salud, práctica heredada por su mamá, su papá fue “alcaldito”, en Rama Cay.

“Orgullosa de ser una mujer indígena rama y de pertenecer a este pueblo y a este territorio”

Becky, es lideresa en su natal Rama Cay y en las otras comunidades, nueve en total, que conforman el Territorio Rama Kriol. Desde temprana edad, se involucró en las tereas de defensa de la tierra, de los recursos naturales,  de los derechos de su territorio, de la niñez  y mujeres.

Alimentada a base de granos básicos, producidos por los lugareños para el autoconsumo y productos marinos como peces, ostiones, chacalines y almejas, comercializados también, por la dependencia y para la sobrevivencia de las comunidades.

Como parte de las riquezas de este territorio declarado “Patrimonio Intangible de la Humanidad”, dice Becky, por albergar tres “Áreas Protegidas, Cerro Silva, Punta Gorda y la reconocida a nivel mundial la Reserva Indio Maíz”. “Es uno de los territorios más grandes de todos los territorios indígenas titulados, de la Costa Caribe de Nicaragua”, dice.

“Un indígena sin tierra no es indígena”

Rama Cay, se ubica a unos quince kilómetros al sur de la Bahía de Bluefields, es la cabecera del Territorio Rama Kriol y la comunidad principal del pueblo indígena Rama, los que suman unos dos mil habitantes.   

La primera y única mujer abogada de la etnia Rama, con pesar asegura que, “hablar del pueblo Rama, es hablar de una situación en peligro de extinción… no solo por la lengua ancestral, sino, también, por la misma población, su territorio está siendo invadido, colonizado, los recursos naturales, explotados y sobre explotados, el pueblo Rama sufre una situación extrema”.

Pero, no están vencidos ni amilanados, porque, “aquí estamos algunos de nosotros, tratando de seguir en la lucha y tratando de buscar soluciones, estrategias, para seguir adelante con el pueblo y rescatar lo poco que tenemos”, dice, como una premonición.

Etnia Rama en peligro de extinción

El peligro de extinción de la vida Rama, también, “es por la falta de práctica del idioma de los propios indígenas, el irrespeto a nuestros sitios sagrados y cementerios, por la invasión masiva e ilegal de colonos que, están expulsando forzosamente a las familias Rama de su territorio, bajo amenazas de muerte o coaccionados”, confirma Becky, “a esto le llamamos un proceso de querernos desparecer”.

Mapa de pueblos originarios de Nicaragua

El Gobierno Territorial Rama Kriol (GTRk),  con el acompañamiento técnico y financiero de la Embajada de Dinamarca, hace diez años, implementó un proyecto para la revitalización de la lengua Rama que, consistió en la producción de pequeñas libretas de enseñanza a estudiantes de pre escolar y de primaria, traducción de algunas palabras a la lengua Rama, capacitación a jóvenes, elaboración de un diccionario, conformación de la Comisión de los Últimos Hablantes Rama, conformada por ancianos de las comunidades Bangkukuk, Wiring Cay y Rama Cay.

Un joven Rama, profesional graduado en una universidad costeña, acompaña a estudiantes de las comunidades Rama Cay y de Río Maíz, para darle seguimiento a estos productos, sin el apoyo de ninguna instancia gubernamental, sea del municipio, regional ni nacional. El GTRK, apuesta a una segunda fase, para lo que ya toca puertas, hace alianzas y coordinaciones pertinentes.

Liderazgo estructurado solo para hombres

Desde su nacimiento, el GTRK o cualquier otra estructura social, es pensada por hombres y para hombres y es una verdadera hazaña que, alguna mujer logre romper esa pared de exclusión. El GTRK, nace con el proceso de demarcación y titulación de los territorios indígenas o comunales, al amparo de la Ley 445 o Ley del Régimen de Propiedad Comunal de los Pueblos Indígenas y Comunidades Étnicas de las Regiones Autónomas de la Costa Atlántica de Nicaragua y de los Ríos Bocay, Coco, Indio y Maíz.

Hace dieciséis años, Becky, es voluntaria en el GTRK. En el año dos mil cinco, ya estudiaba la licenciatura en Derecho, cuando fue beneficiada por esta estructura, con una media beca de treinta o cincuenta dólares mensuales. Cinco estudiantes fueron beneficiados, Becky, la única mujer. Tenía que estudiar una carrera afín, al trabajo de ese cuerpo colegiado.

Ella ya estudiaba la licenciatura en derecho, misma coronada con creces, en el año dos mil diez. “Con el tiempo, empecé a trabajar a tiempo completo, como asistente en el Área de Asesoría Jurídica del GTRK, cuando terminé mi carrera, la Asamblea Territorial me eligió como coordinadora de la Justicia Indígena del Territorio Rama Kriol. “Fue muy difícil para mí, poder integrarme a este proceso, porque, estructuralmente, el liderazgo es un noventa por ciento solo de hombres”.

Mujeres indígenas activas

Como estudiante y como profesional del derecho, trabajó también, en el Área de la Mujer del GTRK, para incorporar a otras mujeres indígenas a este proceso. Era notoria la participación y dirección de ellas en las Asambleas Comunales, en sus respectivas comunidades.

“Para trabajar los temas de igualdad de género, participar como autoridades dentro de las directivas comunal o territorial, que se  les escuche, se respete la participación, decisión o autoridad de la mujer. “Fue un proceso difícil, porque, muchas tienen liderazgo, pero, no asumen el reto de ser una autoridad”.

Becky, organizó la Comisión de la Mujer, en las comunidades indígenas y afrodescendientes que conforman el GTRK.  Es visible una mayor participación y acción de las mujeres, postuladas y electas para el gobierno comunal o territorial, del año dos mil cinco en comparación al año dos mil trece.

Logros conquistados poco a poco

Se logró, que, los dos primeros y más importantes cargos en el GTRK, fuesen compartidos entre un hombre y una mujer. “Tuve algunas dificultades y contradicciones con las autoridades de entonces, porque aducían que, esa era una política pública del gobierno nacional y se debía respetar las tradiciones y formas de organización del pueblo Rama.

No lo decían abiertamente, pero, deban a entender que, si la junta directiva quedaba conformada solo por hombres, las mujeres no tenían ningún derecho de estar ahí”. Querían limitar la participación de las mujeres, solo a la organización y dirección de actividades en sus comunidades, pero, no a asumir liderazgo territorial.

Se logró además, que, “era requisito, en proyectos implementados en el territorio, la participación de la mujer. Teníamos el marco jurídico y demandamos la participación de la mujer indígena Rama y Kriol. Hicimos valer las leyes nacionales, nos sentimos responsables de implementarlas en nuestras comunidades, entendiendo que, la cultura no debe ser una justificación más, para violentar los derechos de las mujeres”.   

   

Aún hay retos por conquistar

La violación sexual, es una de las cosas que ocurren  en las comunidades indígenas y afrodescendientes del Territorio Rama Kriol, vista aún, como responsabilidad o culpa de la víctima, sea una niña, adolescente o mujer. Becky, cuenta una experiencia ocurrida hace unos años atrás, una adolescente fue violada y producto de la violación quedó embarazada, los padres la querían obligar a casarse con el hombre, pero, ella no quiso.

“No creen en la violencia sexual, creen que si una niña, una joven o una mujer es violada, es porque lo ha buscado, es porque ha provocado al hombre”. La voluntad y decisión de la muchacha se impuso, en contra de lo que pretendían los padres.

“Ella les dijo que, no la iban a obligar a casarse con alguien que no la respetó, que la violó y ella no lo quería, no lo amaba y era totalmente un desconocido”. Los padres desistieron, porque su hija, estudiante de magisterio,  amenazó con irse de casa, si ellos continuaban con obligarla a casarse. Ella, tuvo a su hijo y está casada, con otra persona.

“En el Sistema de Justicia Indígena, los padres llaman  a una mediación, para obligar a las dos personas a juntarse, por el embarazo de por medio. No valoran el significado de la violación sexual, sino que, las consecuencias, como el embarazo”, comenta Becky, pero, esto ha venido cambiando poco a poco, gracias al trabajo hecho.

Otra situación ocurrida, el de una adolescente de quince años. Fue violada por un muchacho de veintidós, por venganza, porque el hombre tenía problemas con el papá de ella. Ella, dice que no fue violación, que vive feliz con él, aunque recibe maltrato físico, psicológico y verbal, no quiere denunciar y prefiere vivir junto a ese hombre.

“En las comunidades hay mucho que hacer y sé que esto es un proceso largo y difícil, de sensibilización con ellas y con las comunidades. En esta situación se encuentran muchas de las mujeres indígenas y Kriol, no asimilan este tipo de situaciones, por lo que tiene que darse un proceso de desconstrucción”, analiza la indígena.

En Nicaragua hay mucho riesgo al hablar y defender derechos humanos

En su ir y venir de sus más de quince años de labor, Becky, “se considera defensora de derechos humanos, defensora de derechos colectivos e individuales”. Ha intervenido en la búsqueda de los problemas de la niñez y de la mujer, así como en la defensa del territorio, recursos naturales del pueblo Rama y de otros territorios como de la Nación Mayagna o del pueblo indígena Mískitu o Ulwa.

También ha acompañado a autoridades comunales o territoriales, del pueblo indígena Chorotega y otros indígenas del Centro y Pacífico de Nicaragua. “Hay un compromiso en mí, para trabajar con pueblos indígenas y defender nuestros derechos individuales y colectivos, de mujeres y niñez, lo dice Becky, con orgullo.

Ella, hace una valoración positiva y de muy importante el trabajo que ha realizado, “porque me siento comprometida con el pueblo” dice, por el aprendizaje obtenido desde su adolescencia y porque, muy pocas personas lo hacen de forma voluntaria. Actualmente es la asesora legal del GTRK, fue Defensora Pública en el Área de Familia, cargo que perdió por denunciar en las Naciones Unidas, al gobierno de Nicaragua, por la creación de la Ley 840, para la construcción del Canal Interoceánico.

Voz de los pueblos originarios en el exterior

La primera denuncia internacional, en la que Becky participó, fue en el año dos mil dieciséis, al presentar, ante la Comisión Interamericana de Derechos Humanos (CIDH), “la intención del Estado de Nicaragua de usurpar tierras comunales, con la construcción del Gran Canal Interoceánico y por violaciones a los derechos humanos de los pueblos indígenas, al no ser consultados ni dar el consentimiento para aprobar esa construcción, con la que se afectaría al Territorio Rama, especialmente a la comunidad Bangkukuk, donde viven los Últimos Hablantes  Rama”.

La segunda denuncia internacional fue el diecisiete y  dieciocho de abril del año dos mil dieciocho, representó a todos los pueblos indígenas de Nicaragua que forman la Alianza de Pueblos Indígenas de Nicaragua (APIAN). Presentó un informe, sobre “la invasión a territorios indígenas, amenazas de muerte, asesinatos de autoridades y miembros de Territorios Mískitu y de los hermanos Mayagnas y sobre la situación de las Reservas Indio Maíz y Bosawás”.

Este informe, fue presentado a la Relatora Especial de Pueblos Indígenas ante las Naciones Unidas, porque, “todos los pueblos indígenas estábamos enfrentando una situación en común, usurpación, invasión, despojo y sobre explotación de nuestros recursos, de nuestras Reservas y asesinato de nuestros líderes”. En el año dos mil veinte, Becky, participó en una tercera gira internacional, ante la CIDH, celebrada en Haití, para darle seguimiento a la denuncia por la construcción del Gran Canal Interoceánico. 

Derechos violentados por ser mujer, profesional y lideresa

Considera que han sido violentados sus derechos, como profesional, como mujer y como líder indígena, por algunos hombres miembros de directivas comunales o territoriales, cuya mayoría está compuesta por hombres. No todos aceptan a Becky, involucrada en el proceso de demarcación y titulación, porque ven afectados sus intereses personales, políticos y hasta partidarios.

“Hay un interés de por medio en el Territorio Rama Kriol y uno de los principales es el Gran Canal y como yo he dado seguimiento y he presentado demandas ante la CIDH, creen que, estoy afectando el interés personal de alguna autoridad comunal, territorial, regional, nacional  y hasta de la pareja presidencial”. “Hay autoridades comunales y territoriales, que, me han ofendido, han violentado mi derecho, han hecho de todo para que, la Asamblea Territorial, no me aceptara trabajar nuevamente con ellos”.

Han hecho hasta lo indecible, contra Becky. “El año pasado, pusieron a Inteligencia Militar del Ejército de Nicaragua, a seguir mis pasos para investigarme. Hicieron un informe donde, según ellos, tenían información y pruebas, que soy la promotora principal de la invasión a la Reserva Indio Maíz, junto a otros mestizos de la zona”, dice riéndose Becky. 

Persecución en su contra

Operadores políticos y de gobierno, y algunos hombres directivos salientes del GTRK, “pretendían convencer a las autoridades entrantes del GTRK, para que realizaran una acción penal en mi contra. Algunas autoridades y algunos reconocidos sandinistas, no le dieron credibilidad a este informe y lo desecharon, no le dieron pase ni importancia, “por ser algo ilógico y bajo”.

La profesional del derecho, considera que, “fue una persecución en mi contra, porque yo he alzado la voz, contra la corrupción del gobierno central, regional y de algunas autoridades territoriales que han estado haciendo corrupción con ellos”. “Me han querido involucrar en venta ilegal de tierras comunales, pero, no tienen pruebas, solo si falsifican mi firma tendrán pruebas, porque, yo no tengo facultad para vender”.

Pretenden que Becky, no esté involucrada en ninguna actividad ni en ningún nivel de autoridad, porque “cuando hay elección de autoridades comunales, la orientación es que, a mí, no me elijan en nada, que eviten que yo tenga un cargo en la comunidad. Que el GTRK, tiene que evitar que yo participe en reuniones con las diferentes autoridades o instancias de gobierno.

A mis familiares que tienen un trabajo, los amenazan con correrlos, por mi culpa”.  “Con un puesto policial en Rama Cay, siento que me vigilan. Hasta inventaron que yo pretendía hacer un tranque en mi comunidad” y ríe a carcajadas.

Discriminada por su labor

Como profesional, Becky, también ha sido discriminada desde el gobierno central. Fue despedida del cargo como Defensora Pública, por haber participado y denunciado las pretensiones del gobierno, ante organismos internacionales.

Algunos de sus colegas “han tratado de impedir que, siga trabajando en el territorio. He tenido amenazas que me van a reportar ante la Corte Suprema de Justicia (C.S.J.), para que me suspendan y me quiten el carnet de abogada.

Hasta una campaña de desprestigio se hizo contra la abogada y notaria pública, para que, no tuviera clientes ni trabajo. “Decían que, si me buscan como abogada, nunca ganaré el caso, porque, estoy contra el gobierno y no permitirán que gane ningún caso”. “Hasta mi familia sufre esta represión, no salen beneficiados con proyectos, en las comunidades”.

Para dar a conocer y denunciar los atropellos y violación de derechos humanos, Becky ha viajado tres veces a los Estados Unidos de Norteamérica y una vez a Haití. También viajó becada por la embajada de Alemania, a ese país, a realizar un post grado en procesos de mediación y transformación de conflictos. Trabajar metodológicamente procesos de proyectos y estrategias, que ayuden a grupos de personas en conflicto, incluso entre países, grupos armados o entre dos personas. 

La Becky humana, la mujer, la madre

Casada y madre de dos varones de diecinueve y diecisiete años de edad. El mayor, estudia primer año de licenciatura en derecho y el segundo, estudia cuarto año de secundaria. Ambos, participaban en las actividades comunales o territoriales junto a mamá, lo que les ha ayudado a conocer sus raíces, los problemas y soluciones comunales, las discusiones para el desarrollo de su pueblo indígena, presentaciones e intercambio de información con otros pueblos originarios.

Sus etapas de vida que más le gustan son la niñez y juventud. Su papá es pastor de la Iglesia Morava, tuvo la oportunidad de estudiar en el Colegio Moravo de Bluefields y los fines de semana, viajaba a su natal Rama Cay. “Mi niñez, la pasé en actividades de la iglesia. Me gustaba cantar, recitar, organizar grupos en la iglesia para jugar y otras actividades”.

“Mi mamá dice que yo era terca, que no hallaba qué hacer conmigo, no encontraba la forma de cómo evitar que yo hiciera cosas que no debía hacer, porque mi papá es pastor moravo, como bailar Palo de Mayo y participar en carnaval. Por la religión, me vestían con vestido largo con manga larga y calcetines altos, no podía enseñar nada, pero yo, salía en carnaval con faldita chinga y pintada. Llegó un momento en que mis padres, no podían más conmigo”, dice Becky, con sonoras carcajadas.

Desde muy pequeña apoyando a su familia

Para ayudar a la economía da la familia y como una enseñanza laboral, sus hermanas vendían pico y pan con coco en Rama Cay, mientras que Becky, vendía pan, pico, galletas y mango en Bluefields.

También, al llegar el barco expreso desde Ciudad Rama, con carga y pasajeros, Becky, iba con su abuelo paterno a clasificar y limpiar frutas, que luego vendía frente al Cine Variedades. Con su hermano, ofrecían sus servicios para cargar las maletas de los pasajeros y llevarlas hasta sus casas, a falta de vehículos taxi. Como eran menores de edad, algunas personas no les pagaban por el servicio prestado y llegaban a casa sin dinero, pero, su mamá les decía que no importa, que no había ningún problema.

Es la sexta hija del matrimonio Mc.Cray Urbina. El pastor Cleveland Mc.Cray, solo quería procrear seis hijos, pero, su esposa Ana Josefa Urbina, le dijo que tendrían todos los hijos que Dios les dé. Así fue que, llegaron a tener doce hijos, cinco mujeres y siete varones.

Nació seis meses antes del triunfo de la Revolución Sandinista (julio 1979). Tenía siete años de edad, cuando la Ciudad de Bluefields fue atacada por el grupo irregular conocido como “los contras”, en mayo del año mil novecientos ochenta y cinco.

Una noche antes, uno de sus tíos alertó a su papá del ataque a la ciudad, por lo que esa noche, durmieron en el piso, debajo de la cama. Recuerda vagamente la muerte de un comandante contra y de muchos jóvenes blufileños, cuyos cuerpos yacían sin vida, frente al parque municipal. “Mis primeros diez años, viví la revolución y viví diez años de guerra y no entendía el peligro de la guerra”.