“He tenido que sacar fuerza de donde no tengo”: la historia de Danny Ramírez, secretario ejecutivo de Calidh
Su vida en el exilio forzado en Argentina ha estado marcada por el saber que no puede regresar a su país, Nicaragua
Hace nueve años, Danny Ariel Ramírez Ayérdiz, de 33 años, originario de Managua, en Nicaragua, viajó por primera vez a Argentina sin imaginar que en poco tiempo se convertiría en su país de refugio como consecuencia de la brutal represión, que desde abril de 2018, la dictadura de Daniel Ortega y Rosario Murillo comenzó a ejecutar contra todos los nicaragüenses.
Estudió Derecho en la extinta Universidad Politécnica de Nicaragua (Upoli), y ahí mismo trabajó durante seis años como docente investigador de derechos humanos durante 2011 y 2016. También ostentó el cargo de director y editor de una revista académica de la Escuela de Ciencia Jurídica, hasta que el régimen se tomó la extinta universidad.
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Había viajado en 2014 a Argentina cuando apenas tenía 24 años, lo hizo para estudiar una maestría en derechos humanos. Después, contó que iba y venía de Nicaragua a Argentina, donde en 2017 donde hizo estudios doctorales. Regresó a Nicaragua meses antes de la crisis, y comenzó a trabajar como Oficial de Proyecto del Movimiento María Elena Cuadra.
“Ahí me agarró la crisis, y estuve por bastante tiempo hasta que tuve la oportunidad de salir de Nicaragua para Argentina en 2019 porque obtuve una beca doctoral en Ciencias Sociales, que estoy terminando de cursar”, comentó Ramírez Ayérdiz a República 18.

El actual secretario ejecutivo del Centro de Asistencia Legal Interamericana de Derechos Humanos (Calidh) sostiene que el trabajo de los derechos humanos “lo he ejercido desde antes que terminara mi carrera”.
Su labor en la defensa de los derechos humanos lo colocó en el foco del régimen, mencionó que los que trabajaban en organizaciones de sociedad civil siempre vivían bajo asedio y persecución estatal.
“Siempre estábamos asediados desde antes que comenzaran a disolver las oenegés. A nosotros nos llegaban todos los días a asediar paramilitares y camionetas de la Policía, fue muy difícil para mi salir, no quería irme desesperadamente porque sé lo que vivían los nicaragüenses en el exilio, entonces espere la oportunidad para salir de Nicaragua, a su vez sintiendo el temor de ser encarcelado y por eso lo hice cautelosamente, después se volvió más difícil para los defensores de derechos humanos y decidí no volver a Nicaragua desde ese momento”, aseguró.
“He tenido que sacar fuerza de donde no tengo”
Lo más difícil que le ha tocado vivir en el exilio, es en primer lugar, el saber que no podía volver a Nicaragua, período de violencia por parte de su expareja, y la desnacionalización. El nombre de Ramírez Ayérdiz figuró entre los 94 nicaragüenses a los que el régimen de Daniel Ortega despojó de su nacionalidad y ordenó la confiscación de sus bienes el 15 de febrero pasado, a todos la dictadura los declaró “prófugos de la justicia”.
“Cuando uno está en su país uno puede uno se refugiar con su familia, pero a mí el exilio me tocó vivir un período de violencia muy fuerte solo por parte de mi expareja, en ese momento te dás cuenta de que el exilio es tan potente que ni siquiera podes tener los vínculos familiares cercanos cuando uno sufre cuestiones de la vida”, comentó sobre su vida personal.
En cuanto al tema de la desnacionalización, Ramírez Ayérdiz indicó que fue un golpe muy duro.
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“Un golpe durísimo, fue un acto infame, un acto muy duro, de hecho, yo me deprimí mucho después que me quitaron mi nacionalidad, de hecho tuve un período de depresión muy fuerte que me llevó a un punto muy difícil y tuve que buscar asistencia psicológica. Cuando te desnacionalizan vos te sentís que no sos nadie”, aseguró.
Otro de los momentos duro ha sido escuchar cada relato de las víctimas, por todo lo que la gente vive como consecuencia de la represión estatal: “Es muy difícil poder escuchar a las víctimas de viva voz contándote las brutalidades que el régimen perpetra”, remarcó.

Todo lo que ha vivido en el exilio y destierro lo ha sabido llevar gracias a su resiliencia.
“He tenido que sacar fuerza de donde no tengo, porque han sido momentos muy duros, la lejanía de mi familia e incomunicarme con ellos por seguridad, para protegerlos (…) ha sido difícil poder soportar la incomunicación con mi familia”, insistió.
Ramírez Ayérdiz confesó que nunca se imaginó que él iba a ser desnacionalizado.
“Estos siete meses del 2023 han sido meses donde he tenido que sacar fuerzas de donde no tengo para encaminar mis asuntos como profesional, como trabajador y personal. Ha sido un período muy difícil”, sostuvo.
Calidh, un proyecto de “solidaridad de profesionales latinoamericanos”
El nacimiento del Calidh es un proyecto, indica Ramírez, gracias a la solidaridad de varios profesionales latinoamericanos en Buenos Aires.
Dentro de la Asamblea General de Calidh hay una persona de Alemania, Paraguay, Argentina, Perú. Fue fundada en marzo de 2022.
“Nosotros nos pusimos a pensar qué podíamos hacer ante el contexto difícil de Latinoamérica, lo habíamos pensando desde 2020, pero por la pandemia lo pausamos, y ya en 2022 decidimos organizarnos y fundamos Calidh, nosotros dijimos que la situación de Nicaragua era el peor ejemplo para la región latinoamericana (…) nos enfocamos en la situación de violación de derechos humanos de los jóvenes y no podíamos quedarnos ante el arrecio de la represión contra los distintos sectores de la oposición”, aseveró Ramírez Ayérdiz.
Calidh se centra en recibir denuncias para acompañar a los denunciantes ante la Comisión Interamericana de Derechos Humanos (CIDH), acompañan a otras víctimas que están en solicitud de asilo en diversos países, y desde su sección de derechos humanos se encargan de publicar informes sobre la situación de Nicaragua.
“A nosotros nos pueden contactar a través de nuestras redes, principalmente en Twitter donde estamos más activos, somos una organización de derechos humanos que acompaña a víctimas ante el sistema interamericano de derechos humanos y hemos tenido alguna participación llevando a otras víctimas para el caso de crímenes de lesa humanidad contra el régimen que está abierta aquí en Argentina. Buscamos aportar un granito de arena para la justicia, la memoria, la verdad y para el restablecimiento de la democracia y derechos humanos en Nicaragua”, aseveró.
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Ramírez Ayérdiz además de su labor como defensor trabaja como asistente legal de migración, en Argentina tiene el estatus de refugiado provisional, mientras se resuelve el otorgamiento de la ciudadanía argentina.
“No me voy a quedar acá porque la situación económica es muy compleja y se que me tengo que mover de país, y también por seguridad, porque yo creo que hay otros lugares más seguro para vivir (…) Opté a la española y también solicité la nacionalidad argentina que cuando la reciba lo haré de buen agrado porque es el país que me ha abierto las puertas para formarme como profesional”, concluyó.