Excarcelados políticos de Nicaragua, en libertad pero con impactos devastadores en su salud mental
El experimentar el trauma y la separación familiar son de las mayores dificultades que enfrentan la mayoría de las 222 personas excarceladas políticas. Les contamos las historias de Carla Escobar, Miguel Flores y Karla Vega.
Ha transcurrido casi mes y medio desde la liberación el pasado 9 de febrero de 222 personas presas políticas en Nicaragua. Todas declaradas “traidoras a la patria” y desterradas hacia Estados Unidos. Pero mientras pasan los días, se evidencian más las graves secuelas a raíz del secuestro al que les sometió la dictadura de Daniel Ortega y Rosario Murillo.
Después de haber llegado a Washington, los excarcelados se fueron a vivir en alguno de los 52 estados de Estados Unidos, donde esperan un permiso laboral que les permita insertarse económicamente. La mayoría contactó con familiares o amigos que los recibieron, pero los menos favorecidos fueron llevados a casas ofrecidas por nicaragüenses parte de la diáspora.
La nostalgia, los cambios de ánimo, el agravamiento de enfermedades crónicas, la pérdida del apetito, el insomnio y las pesadillas son algunas de las afectaciones o los padecimientos al que se enfrentan, día a día, las 222 personas excarceladas políticas. Y es que la dictadura les sometió en su momento, según organismos internacionales, a “tratos graves e inhumanos”.
La psicóloga Ruth Quiroz señala que la prisión prolongada en condiciones de tortura provoca serias afectaciones a nivel psicológico y cognitivo. “Es probable que existan pensamientos distorsionados, vamos a notar también emociones muy fuertes muy incontrolables, crisis de ansiedad, ataques de pánico. También episodios muy fuertes de miedo, como alguna especie de paranoia”, dijo la especialista, quien trabaja de cerca con algunos casos de excarcelados políticos.

Por su parte, la especialista en salud mental Gloria Chamorro sostiene que “a menudo se pasa por alto el impacto de la detención prolongada, pero muchos de ellos experimentan depresión y ansiedad como resultados directos de estas experiencias, que dejan heridas que impiden el retomar la cotidianidad y retomar nuestros proyectos. Esto es lo que llamamos reintegrar la memoria traumática a nuestra realidad”.
Pero los traumas del secuestro no son las únicas cosas que unen a los desterrados políticos, además de sus historias, tienen la convicción por sus luchas cívicas y la esperanza de continuarlas por el futuro de Nicaragua.
República 18 conversó con tres de las 222 personas excarceladas y despatriadas. Dos de estos fueron secuestrados en las vísperas de la farsa electoral municipal de noviembre de 2022.
Carla Escobar: La fisioterapeuta de Masaya secuestrada dos veces
A 43 días de su excarcelación, Carla Escobar espera con ansias su permiso laboral en Estados Unidos. “Creo que de hoy a mañana me viene en físico el permiso de trabajo”, comenta emocionada vía telefónica.
Ella tiene 44 años y, antes del estallido social de abril de 2018, al menos 20 los dedicó a ejercer como fisioterapeuta. Cuenta que sus ánimos aún están bajos. “Tenemos pesadillas y nos cuesta conciliar el sueño. A veces no tenemos ánimos de comer”, dice.
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Pero si de algo está segura es que espera recuperarse y “continuar con sus luchas por la libertad de Nicaragua”. “Nuestro compromiso está siempre con el pueblo, porque no solo nosotros estamos presos, sino que hay más de 35 que siguen presos. Además, todo el pueblo de Nicaragua está preso !y claro que vamos a seguir!”, expresa con firmeza.

Desde abril de 2018, Carla fue prisionera política en dos ocasiones. Es la mujer opositora de Masaya con más tiempo en la cárcel por temas políticos. “No ha sido nada fácil lo que hemos vivido. Ha sido bastante cruel y fuimos acusados de algo que no cometimos. Estos días han sido como una montaña rusa, con días de dolor y días felices”, narra.
La primera vez que la secuestraron fue en 2018 y fue liberada en 2019. La segunda detención ocurrió el 30 de abril de 2020 hasta su excarcelación el pasado 9 de febrero.
En su primer encarcelamiento fue señalada de participar en los tranques y en la segunda ocasión fue condenada a 13 años de prisión por los supuestos delitos de posesión ilegal de armas y lavado de dinero.
“Soy nicaragüense y perdono, pero tienen que pagar”
Luego de más de tres años en prisión, Carla asegura que no le guarda rencor a la dictadura. “Una cosa es que yo tenga que perdonar y otra es que tengan que pagar por sus crímenes. He sido una persona que nunca simpatizó con el Frente Sandinista”, dice.
Con respecto a que fue declarada como apátrida por el régimen sandinista, considera que nadie puede despojarla de su nacionalidad nicaragüense. “Lo de ser nicaragüenses lo llevamos en la sangre. En su momento nos golpeó emocionalmente, pero somos nicaragüenses por gracia de Dios”, expresa, utilizando una frase célebre en Nicaragua.

Sin perder la fe
La excarcelada señala que existe una sensación “contradictoria” a raíz de su liberación. “Tuvimos que dejar nuestro país, hermanos, amigos, padres, madres. Pero a la vez, tenemos una felicidad inmensa porque ya no estamos en ese lugar que nos dio muchas humillaciones”, relata.
La esperanza de salir de prisión, dice, siempre estuvo presente. “Nunca perdimos la fe de que íbamos a salir, porque estábamos en el camino correcto. Nos llegaron a sacar a las 11 de la noche del 8 de febrero. Solo nos dijeron que alistáramos nuestras cosas porque nos iban a trasladar”, rememora.
“Cuando miré que estaban empacando en bolsas negras todas nuestras pertenencias, yo pensé que era la libertad. Ya tenía la experiencia de la primera liberación que tuve”, explica.
Ese día, dice, a las presas políticas de la cárcel de mujeres La Esperanza las trasladaron al Sistema Penitenciario Nacional “La Modelo”. “Al bajar del bus en el aeropuerto Augusto C. Sandino, nos estaban llamando por nuestros nombres y supe que íbamos fuera de Nicaragua”, recuerda.
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Presos políticos deben “sanar y priorizarse”
Carla cree que debe empezar de nuevo en Estados Unidos. Primeramente pensando en ella misma para luego “continuar aportando a la lucha por la libertad. Porque esa no la abandonamos estemos en donde estemos”.
En base a lo que comenta Carla, la psicóloga Ruth Quiróz dice que las personas excarceladas deben priorizar su sanación. “En estos momentos ellos son prioridad y necesitan conectar con lo más profundo de su ser. Reconectar con sus familias y recuperar un poco del tiempo que se les ha robado. Entonces deben tener esa sensibilidad y esa empatía que en este momento se necesitan a sí mismos”.
A criterio de la psicóloga Gloria Chamorro, en casos como estos suele encontrarse estigma social, que debe ser enfrentado y superado desde la sociedad para la pronta recuperación de los excarcelados.

“El estigma se vence con empatía y educación. Minimizar y culpabilizar a las víctimas solo produce violencia directa que limita la rehabilitación del trauma y dejan una marca más en los excarcelados políticos. La salud mental debe ser protegida en todas las circunstancias”, señala Chamorro.
A la vez, la especialista insta a las organizaciones internacionales y gobiernos democráticos “a tomar medidas concretas para garantizar la salud mental de los excarcelados políticos, a través de programas de apoyo, campañas de concientización. Animo también a las sociedades a hacer su parte para apoyar a estas personas. Debemos trabajar para crear comunidades que apoyen en la reparación de las víctimas”, indica.
Miguel Flores, traicionado por el que lo cruzó en la frontera
En cada momento de la conversación para este reportaje, Miguel Flores aprovecha para enviar un mensaje de aliento a los jóvenes que quedaron en Nicaragua y que sienten temor de expresar su opinión o que puedan ser reprimidos por el régimen sandinista.
Miguel también fue despojado de su nacionalidad pero dice que “ser nicaragüenses es tener valentía y enfrentarte para querer un mejor país en el que haya democracia. La nacionalidad no te la da un papel. Menos lo que diga Ortega o Rosario Murillo”.
El joven cuenta que, luego de estar en prisión, se convenció aún más de sus convicciones políticas y de seguir luchando por la liberación de Nicaragua.
“Si creían que arrestándome iba a perder mi convicción, es todo lo contrario. Me convencí aún más que mi lucha es justa. Desde antes de 2018 fui opositor a Ortega y nunca tuve miedo a enfrentarme a esa situación”, sostiene.
Cuenta, vía telefónica desde el estado de Washington, que “trataba de llevar mi vida de una forma normal, en lo que se podía. Lo que era normal es que existía el temor de caer preso o que tomaran represalias en mi contra. No vivía totalmente tranquilo, pero podía más la esperanza de cambiar las cosas”.
La lucha sigue
Miguel, de 26 años, asegura que pese al destierro continuará sus luchas junto a la organización a la que pertenece: la Alianza Universitaria Nicaragüense (AUN), para demandar justicia y democracia.
“El hecho de que hoy muchos estemos en Estados Unidos, no quita el mérito de que sigamos luchando. Salimos de la cárcel y venimos a encontrarnos aquí, pero estamos pensando como podemos seguir impulsando esta lucha. Hay mucho por hacer”, dice, haciendo hincapié en la frase “mucho por hacer”.
La detención de Miguel Flores junto a dos de sus amigos en la frontera
El 1 de noviembre de 2022, las demás personas que ingresaban a Nicaragua por puntos ciegos en Cárdenas, Rivas, pasaban sin ningún problema. Sin embargo, Miguel, Mildred Rayo y su novio fueron presuntamente entregados por quien los introdujo por ese punto ilegal.
“A otros no les revisaban nada, pero a nosotros nos tomaron fotos. Creemos que el coyote pudo haber sido el que pasó información al Ejército para que nos detuvieran y nos trasladaran a una base militar”, recuerda Miguel, quien fue uno de los últimos secuestrados por la dictadura en fechas cercanas a las elecciones municipales del 6 de noviembre de 2022.
“Estábamos un poco nerviosos porque el Ejército no tiene por qué detenerte. En ese momento nos dimos cuenta que había una orden de detenernos”, dice el joven, quien sostiene que cuando llegaron a la base militar fueron interrogados y requisados por civiles.
Los civiles llegaron armados en camionetas a la base militar, evidenciando la complicidad del Ejército de Nicaragua con la Policía sandinista para secuestrar a opositores.
A las 4 de la tarde de ese mismo día, el Ejército terminó su trabajo y los entregó a la Policía del departamento de Rivas. Fueron trasladados esposados primeramente a una delegación en Rivas y después al Distrito III de Policía en Managua.

“Fue un momento de mucho estrés, porque no sabíamos dónde íbamos. El Distrito III se convirtió como una especie de extensión de la Dirección de Auxilio Judicial”, indica.
El recibimiento lo hicieron personas de civil que no se identificaron como policías. Luego, los policías uniformados interrogaron uno a uno a los secuestrados y les quitaron la ropa.
“Siempre reclamábamos el derecho a la visita. Hasta el día 38 de estar presos nos dimos cuenta que íbamos a tener visita de nuestros familiares”, comenta.
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Condenas
El 30 de enero de 2023, Mildred Rayo, su novio y Miguel fueron condenados por el juez sandinista Félix Salmerón, a ocho años de prisión. Los tres jóvenes fueron declarados culpables en un juicio a puertas cerradas en el Complejo Judicial de Managua.
“Todo el proceso fue violatorio porque ya estábamos enjuiciados y no nos trasladaban al Sistema Penitenciario”, comenta el joven.
Pero la noche del 8 de febrero de 2023, cuando escucharon llegar las patrullas y vieron que estaban sacando a algunas presas políticas, creyeron que serían trasladados a la Dirección de Auxilio Judicial o al Sistema Penitenciario Nacional.
—“¡No saquen nada, solo cámbiense de ropa!”— dijo uno de los oficiales de la Policía.
“Se nos hizo bien raro, porque solo a los presos políticos nos estaban sacando. Nos trasladaron a El Chipote y nos metieron a un cuarto donde nos ofrecieron café y gaseosas”, relata.
Era la 1:30 de la mañana y a la Dirección de Auxilio Judicial llegaron unos buses, o al menos eso escucharon desde adentro.
“En el bus estaban otros presos políticos y algunos que estaban casa por cárcel. Todavía creía que nos iban a trasladar al Sistema Penitenciario”, dice.

¿Desterrados?
El bus tomó por la Carretera Norte, en Managua y giró en el aeropuerto internacional Augusto C. Sandino.
—“¡Nos van a mandar a Cuba, Venezuela o Rusia!”— exclamaron varios de los presos políticos que eran trasladados en los buses.
“Pensábamos que íbamos a diferentes lugares, pero luego de firmar una carta, nos dimos cuenta que nos mandarían a Estados Unidos. Hasta las 4:00 de la mañana que empezamos a abordar el avión nos enteramos”, recuerda. Pero los sentimientos eran contradictorios al punto de ser una experiencia con un sabor agridulce.
“Si bien, sabíamos que teníamos la libertad, estábamos siendo desterrados. Surgían muchas preguntas y emociones encontradas, porque no me despedí de mis familiares, con quienes 15 días antes tuve la última visita”, relata.
Al momento en que le entregaron el pasaporte, señaló que “fue un alivio” y sintió más tranquilidad. Hoy, al igual que los demás, busca cómo agilizar sus trámites migratorios y seguir aportando a la lucha por la democracia.
La separación familiar: la mayor carga de los desterrados
La excarcelada política Karla Vega tiene cinco años de no ver a uno de sus hijos, que se exilió en Costa Rica en 2018 a raíz de la represión a las barricadas en El Rosario, Carazo.
“Ahorita tengo cinco años de no verlo. En la Operación limpieza lo saqué porque había muchos peligros. No he podido verlo porque él decidió ser independiente y también por seguridad. Él estuvo en la Operación limpieza y nosotros nos dimos cuenta hasta los cinco días que él estaba vivo”, relató.
Yaritzha Mairena, de la Unión de Presas y Presos Políticos de Nicaragua (UPPN), señaló a República 18 que el principal problema de los excarcelados es la separación con sus familiares y que considera que Estados Unidos no está apoyando en ese sentido.
“Es notable que la separación familiar es una de las mayores dificultades que están pasando. Nos preocupa mucho que los Estados Unidos no esté respondiendo a la reunificación familiar”, afirmó.

En ese sentido, la también excarcelada Carla Escobar fue muy enfática en señalar que la separación familiar era uno de sus principales problemas.
“Me da tristeza, porque está mi familia. Me da mucha tristeza, pero considero que todas estas acciones en Nicaragua son porque no hay un orden. Las leyes son absurdas y manejan todo a su parecer”, dijo Escobar.
Karla Vega espera iniciar de nuevo en Estados Unidos
A 42 días después de ser excarcelada, Karla Vega, apuesta por volver a trabajar para “ganarse la vida” y continuar luchando desde Estados Unidos.
Doce años trabajando en salud, un secuestro por temas políticos, destierro, exilio de su hijo y su expatriación. Hoy, a miles de kilómetros lejos de su tierra, El Rosario, Carazo, Karla Vega, de 44 años, reflexiona sobre su trayectoria, su presente y su futuro.
Antes de integrarse a la rebelión a partir de abril de 2018, Karla Vega laboraba como enfermera a domicilio. Pero antes, formó parte del personal sanitario de los Hospitales La Mascota, Bautista y Vivian Pellas.
Su trabajo le permitió desempeñarse por doce años en esta labor.
Sin embargo, hoy, busca como empezar de nuevo, agilizando sus documentos para poder insertarse laboralmente en Estados Unidos.

“No es una tarea fácil, pero esto es lo primero para seguir luchando por la libertad de Nicaragua. Tenemos que empezar por nosotros mismos”, comenta Vega sentándose en un asiento para atender una entrevista con República 18.
Vega no decidió partir hacia Estados Unidos en busca de “un sueño americano”, sino que forma parte de los 222 excarcelados políticos de la dictadura nicaragüense, misma que posteriormente los despojó de su nacionalidad a través de una ley aprobada en el Parlamento que se aplicó de forma retroactiva.
“Mi rumbo siempre va hacia la libertad de Nicaragua. Seguimos caminando en la liberación de Nicaragua. Ahorita estoy buscando como sacar mis papeles para buscar como trabajar. Espero regresar a mi patria no muy tarde”, expresó a la vez que una sombra de tristeza se le asomaba por el rostro.
La reinserción laboral sigue siendo un reto
Según Yaritzha Mairena, de la Unión de Presas y Presos Políticos de Nicaragua (UPPN), Estados Unidos les ha brindado a los excarcelados un estatus migratorio para la solicitud de asilo, un proceso un poco extenso que dura alrededor de dos años, dependiendo del Tribunal que está llevando el caso.
“El permiso de trabajo todavía lo continúan esperando algunos presos políticos. Entiendo que es un proceso bastante largo para tener un estatus migratorio estable”, señaló Mairena.
Sin embargo, expresó que los excarcelados políticos agradecen las gestiones de Estados Unidos, aunque el Estado no está asumiendo la manutención, una labor a cargo de la diáspora.
Algunos de los excarcelados, especialmente los adultos mayores, no tienen condiciones para laborar.
“Lo que te puedo decir es que están en una situación bastante vulnerable por todas las secuelas después de estar en la cárcel. Su capacidad de reinsertarse está siendo muy limitada. Muchos excarcelados no tienen posibilidad de trabajar y se mantienen ahora de la solidaridad de redes de apoyo”, añadió.

“Perdono, pero no olvido”
Vega asegura que no guarda rencor a la dictadura de Daniel Ortega y Rosario Murillo.
“Siempre, desde el 2018, perdono pero no olvido. Las humillaciones, la tortura y el silencio que vivimos cada preso político, es un proceso muy grande. Todos tenemos diferentes historias y todos fuimos ultrajados de diferente forma. Yo los perdono, no tengo rencor. Pero no olvido”, concluyó Vega.
Secuestro anunciado en vísperas de una farsa electoral
-“Karla, tené cuidado. Te tienen en la mira y estás en el ojo del huracán”-, le dijo su progenitora antes de su captura, por lo que, siguiendo sus consejos, decidió alejarse de sus vecinos y prácticamente mantener un día a día en el silencio y el distanciamiento.
Ella se sentía presa en su casa antes del 5 de noviembre de 2022 y pasó a tener una vida en la completa clandestinidad.
El 5 de noviembre de 2022, a las 4:50 de la mañana, pocas horas antes de la farsa electoral municipal, llegaron las patrullas de la Policía a la casa de Vega. El momento anunciado el 8 de abril de ese mismo año por el Comisionado de Jinotepe, Julio Cruz, había llegado.

En marzo del 2021, Cruz anticipó su mensaje a través de una llamada telefónica en el que le sugería abandonar el país. Casi un mes después, el 8 de abril (jueves santo) recibió la visita del comisionado en su vivienda acusándola de volar papelillos azul y blanco.
Posterior a esta visita, le “siguió un calvario”, puesto que le asignaron a un espía motorizado, que constantemente le consultaba vía telefónica todos sus movimientos.
“Luego lo eliminé. Me dejaron correr unos meses y ya en noviembre me capturaron. Creo que esto es algo que ya estaba en la agenda del Comisionado. Me consideraban que era un peligro para su seguridad”, dijo Vega en una conversación con República 18.
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En la delegación de la Policía de Jinotepe, asegura que fue ultrajada y pasó frío. Los interrogatorios constantes eran en horas de la madrugada.
“A los diez días me mandaron a “El Chipote” (Dirección de Auxilio Judicial en Managua). Una comisionada me iba custodiando en un carro Yaris y me autorizaron que me llevaran al Hospital de la Policía Roberto Calderón”, dijo Vega.
“Iba con presión elevada y como iba tosiendo me mandaron a Rayos X. Tenía una mancha en el pulmón izquierdo, llevaba inflamado el pie. Iba descompensada. Me regularon la presión y después llegamos al Chipote nuevo y me sentaron en una celda. Pero como estaba enferma, me devolvieron a El Rosario”, contó Vega.
En el juicio le adelantaron su expatriación
Faltaban tres días para el destierro de Vega y otros 221 presos políticos, pero el juez sandinista, José Cortez Domínguez, adelantó que “no merecía ser nicaragüense”.
Karla Vega Canales, Allan Sebastián Bermúdez de 53 años y Sandra Acevedo Díaz, de 56 años, fueron declarados culpables el 6 de febrero de 2023 por supuestamente promover el “no voto” de la población en la farsa electoral municipal del 6 de noviembre de 2022.
Además, el juez, al servicio de la dictadura, los declaró culpables del delito de “conspiración para el menoscabo de la integridad nacional”
Pese a la decisión del juez de la dictadura, señala que hoy emprende una nueva lucha y que nunca dejará de ser nicaragüense.