Aumentan los divorcios en Nicaragua; y jóvenes prefieren procrear fuera del matrimonio
En los últimos años, Nicaragua ha registrado una constante de 3.7 veces más matrimonios que divorcios, según los datos de INIDE.
Nicaragua registró 3.7 veces más matrimonios que divorcios en el periodo 2020-2021, según los datos de los Compendios de Estadísticas Vitales del Instituto Nicaragüense de Estadísticas de Desarrollo (INIDE). Pero los datos para los últimos años registran un ligero aumento en el número de divorcios.
En 2018 hubo en Nicaragua 7,962 divorcios mientras que en 2021, último año que cubren los compendios disponibles hasta la fecha, se registraron 9,533. El aumento es de 1,571 casos.
Pero simultáneo a este aumento también hubo un ascenso en la cantidad de matrimonios. Desde que se registraron 29,951 en el año 2018, se registró un agregado de más de 5 mil uniones matrimoniales en el 2021.
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En opinión de Samuel Chavarría, notario público dedicado a procesos matrimoniales, esto se debe a que la legislación nicaragüense “promueve más el matrimonio que el divorcio”. “Esto se observa en las actividades de bodas masivas gratuitas que hacen las alcaldías y en las distintas ciudades del país” añadió. En estas actividades llegan a casarse centenares de parejas.
Chavarría comentó que, según su experiencia, “el trámite del matrimonio es más sencillo” que el del divorcio.
“El interesado puede escoger hacer su ceremonia ante notario y aquí se requiere aportar la documentación y decidir el día y la hora. Incluso, si hace el trámite de boda en los juzgados de familia, es cuestión de esperar el día que designe el juez” explicó.
Chavarría estima el costo promedio de uno de estos procesos a través de un abogado privado entre 1500 y 1600 córdobas, pero pueden ser incluso más baratos.
En el caso de los divorcios, “se pueden hacer vía judicial y obligadamente, si hay hijos menores que deben recibir pensión alimenticia y bienes en común, tiene que darse un juicio” apuntó. El trámite de divorcio suele tener un costo de entre 5 y 6 mil córdobas, dependiendo del profesional al que se acuda.
La mayoría nace fuera del matrimonio
Pero a pesar de que los matrimonios han ido aumentando en mayor medida que los divorcios, la vasta mayoría de los niños en Nicaragua nacen por fuera del matrimonio.
De los más de 100 mil nacimientos registrados en unidades de salud por todo el país en el periodo 2020-2021, el más reciente cubierto por los compendios, un 80% nació fuera de matrimonio, ya sea de madres solteras, con pareja de hecho estable o en viudez.
Aún así, Chavarría aseguró que “los jóvenes recurren al matrimonio hoy más que antes” debido a la promoción de bodas gratuitas, aunque admitió que muchos no lo hacen “porque no hay una madurez real de parte de los jóvenes en cuanto al rol de los esposos y porque no hay una buena educación desde el hogar originario. Es decir, siguen el modelo de los padres: juntos pero no casados”.
Cambian las costumbres
Para la socióloga feminista María Teresa Blandón, no se trata tanto de que los jóvenes no se casen, sino de que “en muchos casos, lo que ocurre es que primero ensayan a vivir con la pareja con la que en algún momento piensan que pueden casarse, como para también ir evaluando si en la convivencia tienen la disposición, una cierta compatibilidad para poder continuar viviendo por varios años”.
Blandón explicó a República 18 que “las nuevas generaciones ya muchas vienen de familias y parejas que son divorciadas, pero otras entienden que el matrimonio es un acuerdo que se debe ir renovando, actualizando” y el modelo de antes, “la expectativa de que uno se casaba una vez en la vida y para siempre, hasta que la muerte los separe” ya no se acopla a sus estilos de vida.
Javiera Fernández, recién egresada de la carrera de comunicación a sus 25 años, dijo a República 18 que registró su relación como “unión de hecho estable” por “un asunto migratorio”. Lleva viviendo con su pareja “ya varios años” en un apartamento de Managua y pronto planea salir del país.
“Yo sí me quiero casar” aclaró, “pero un poco antes de los treinta”. Aunque no se considera una persona religiosa, sí desea parte del ritual que conlleva una boda. “Pero por el momento no creo que haga falta. Todavía tengo tiempo para pensar si lo voy a hacer con la persona que estoy ahora” confesó.
Su caso es común, dado que Nicaragua es un país con población bastante joven. El Fondo de Población de las Naciones Unidas estimó en 2016 que el 52% de la población nicaragüense es joven, mientras que la página recolectora de datos Datos Macro contabilizó un 45.83% de población por debajo de los 24 años para diciembre de 2021.
Distintas razones
Blandón también comentó que, en cuanto a los divorcios, las razones son muy diversas y a menudo tienen que ver con “propiamente con la calidad de la comunicación” y “unos supuestos” que el matrimonio incluye, mismos que “luego se van confrontando con los problemas de la vida cotidiana”.
“Cuando la calidad de esa comunicación es muy estrecha, limitada, poco dialogante o cuando hay una ausencia de espacio de reflexión para revisar las tensiones inevitables de la vida cotidiana, cuando hay poca disposición de cambio en la pareja o en alguno de los miembros de la pareja, pues la vida cotidiana se puede volver muy difícil, muy pesada, muy desagradable” describió.
Otras dimensiones a tener en cuenta, según la socióloga, son el género, la economía, la sexualidad y la división de labores. “A veces hay problemas que tienen que ver con malos repartos del trabajo y de responsabilidades”, señaló.
“Otras veces tiene que ver con diferencias culturales con respecto a cómo cada quien quiere vivir la vida pero también está el tema del poder” afirmó Blandón.
“Cuando la pareja hombre, si se trata de una pareja heterosexual, es muy autoritario o muy controlador, o quiere que las mujeres se amolden a su propia manera de ver la vida, pues vamos a encontrar ahí una serie de conflictos” que pueden llevar a un divorcio.
“No hace falta”
Karen Acevedo, de 22 años, estudia derecho en una universidad privada de la capital y no tiene intención alguna de casarse. Dijo a República 18 que “ni siquiera se le había pasado por la mente”. Pero, incluso considerando el mejor de los casos, no ve favorablemente “el trato”.
“Casarse es aceptar muchas cosas que uno no se imagina al momento, pero también renunciar a otras que sí que conozco y no quiero dejar”, refiriéndose a su carrera y a su noción de libertad.
“Social y culturalmente la mujer sale perdiendo” con el matrimonio, opinó. “Yo no quiero dejar mi carrera en caso de tener hijos y el hombre que sí venga y acepte las condiciones de igualdad que yo necesitaría para empezara a considerar un matrimonio, esos por lo general tampoco se quieren casar” explicó, preguntándose, “entonces, ¿para qué?”
A su ver, se trata de una reliquia de otros tiempos. “Ahora ya no hace falta, pienso yo, y en la ley, según he visto, existen otras figuras que cobijan a las personas que viven sus vínculos según lo deseen, en libertad y no presionados por ese miedo, digamos, por esa presión de decir ‘matrimonio’, que es una palabra pesada, como un contrato” concluyó.