Báez: “Hay quienes hacen el bien y otros el mal. El trigo y la cizaña crecen juntos”
En su homilía dominical, Báez refirió que en todos los espacios hay bien y mal.
El Obispo Auxiliar de la Arquidiócesis de Managua, Monseñor Silvio Báez, llamó a los nicaragüenses a no “caer en la desesperanza ante el aparente triunfo de los injustos ni dejar de luchar en favor del bien y la verdad a pesar de tantos intentos fallidos”.
En su homilía dominical de este 23 de julio, Báez reflexionó sobre la parábola del trigo y la cizaña, refiriendo que el bien y el mal nacen en el mismo terreno.
“En nuestra sociedad, los poderosos actúan en modo irracional, injusto y malvado; al mismo tiempo, en nuestra misma sociedad hay quienes sueñan y luchan en favor de la justicia, del bien, de la libertad y de la paz”, dijo Báez.
Añadió que en los mismos grupos que luchan por un cambio social hay personas transparentes y dialogantes, pero las hay también egoístas y arrogantes.
“La parábola del trigo y la cizaña es una magnífica lección de optimismo y realismo. Tampoco debemos ilusionarnos con sociedades destiladas, libres de imperfecciones humanas, maldades o impurezas ideológicas. El trigo crece junto con la cizaña”, dijo el jerarca.
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El religioso añadió que en el mundo actual se hacen muchos esfuerzos por conseguir la paz y por cuidar en modo responsable del planeta y hay personas e instituciones que luchan contra el hambre en el mundo y defienden los derechos humanos.
“Al mismo tiempo hay gente injusta y ambiciosa que daña a los demás, países que hacen la guerra, organizaciones de crimen organizado o de trata de personas. Hay gente que hace el bien y otros que hacen el mal. El trigo y la cizaña crecen juntos”, dijo.
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Tolerar lo distinto
En el marco de profundas diferencias entre sectores de oposición, Báez llamó a la tolerancia, sin caer en la pasividad o la indiferencia.
“Aprender a tolerar lo distinto, lo imperfecto, lo negativo, no significa de ningún modo ignorar la diferencia radical que hay entre el trigo y la cizaña, entre el bien y el mal, entre el justo y el injusto. La parábola de hoy no es una invitación a la pasividad y a la indiferencia, ni un elogio a la impunidad y a la injusticia”, dijo.
“Como discípulos de Jesús estamos llamado a ver la vida con lucidez, llamar las cosas por su nombre, denunciar el mal y luchar por la verdad y la justicia. Lo que no podemos es ser intolerantes, dejarnos cegar por las emociones, emitir juicios temerarios o actuar con precipitación irresponsable”, añadió.