Ortega “falta el respeto a la diplomacia” con embajadores leales a la dictadura

Un instructor de artes marciales y un sobrino del dictador Muamar Gadafi fueron ratificados como representantes diplomáticos de Ortega en Brasil y Turquía.

  • 7:35 pm
  • Abr 17, 2023
propuesta de cadena perpetua
República 18

La semana pasada, el régimen de Daniel Ortega y Rosario Murillo demostró una vez más que para ser embajador, según análisis de especialistas, no se necesita tener experiencia diplomática, sino que el único requisito para ostentar el cargo, es serles “leales”.

El jueves 13 de abril oficializó el nombramiento de Gadiel Osmani Arce Zepeda, como nuevo embajador de Nicaragua en Brasil. Arce fungía como ministro consejero en esa plaza diplomática desde el pasado 16 de marzo. Sobre su profesión, él en su perfil, se define como educador -aunque no especifica en qué área- y abogado y notario público.

Se conoce que antes de involucrarse en el mundo diplomático era instructor de artes marciales en la Academia Nicaragua Brazilian Jiu Jitsu, ubicada en Las Colinas, en Managua.

Asimismo, Mohamed Mohamed Ferrara Lashtar, un ciudadano libio nacionalizado nicaragüense, sobrino del dictador Muamar Gadafi, recibió el beneplácito como nuevo embajador de Nicaragua en Turquía.

El ahora representante de Managua en Turquía, fue sancionado el 15 de noviembre de 2021, por la Oficina de Control de Activos Extranjeros (OFAC, por sus siglas en inglés) del Departamento del Tesoro de Estados Unidos, junto a nueve funcionarios más. En esa ocasión fue sancionado el Ministerio Público de Nicaragua como institución.

Pero estos no han sido los únicos nombramientos realizados por el régimen a personas a fines al partido Frente Sandinista de Liberación Nacional (FSLN) Hay otros entre los que resaltan ex dirigentes de la Unión Nacional de Estudiantes de Nicaragua (UNEN), brazo político de la dictadura sandinista en las universidades públicas, como corresponde a los casos de Rosalía Bohórquez e Isaac Lenín Bravo Jaen, premiados por ser “leales”.

Bohórquez es embajadora de Nicaragua ante la Oficina de la Organización de Naciones Unidas (ONU) en Ginebra, Suiza; mientras que Bravo Jaen fue nombrado embajador de Nicaragua en Irán en 2020.

“Una falta de respeto”

Para Guillermo Belt, exasesor del secretario general de la Organización de Estados Americanos (OEA) y especialista en temas diplomáticos, los nombramientos de embajadores que solo respondan al interés de Ortega y no del país como tal, evidencia que “la diplomacia en Nicaragua ha caído al más bajo nivel en la dictadura Ortega-Murillo”.

Agrega que el nombramiento reciente de un instructor de artes marciales mixtas como embajador en Brasil demuestra “la falta de respeto de la dictadura por prácticas elementales de la diplomacia. En otra época y con su diplomacia de renombre Brasil no habría aceptado lo que viene a ser un insulto”.

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Sobre el segundo nombramiento, dice que sin duda “se trata de un individuo residente en Nicaragua desde hace años, fiel a la dictadura, convertido en diplomático por voluntad de los co-dictadores”.

Bell expresa que echa de menos los días en que la diplomacia nicaragüense era “respetada por todos”, y rememora que tuvo “el privilegio de conocer y ser amigo de varias figuras de aquellos tiempos”, y espera con certeza de que “esa Nicaragua renacerá”.

En esa mima línea, José Dávila, analista político y ex diplomático nicaragüense, sostiene que cuando un país ha sido llevado a una profunda crisis como la que ha llevado los Ortega-Murillo a Nicaragua, “es lógico que todo esté degradado, la imagen internacional destruida, incertidumbre sobre el futuro del país, y a ello no escapa una política exterior y una diplomacia que es errática, irrespetuosa de normas diplomáticas que ya son costumbre, lo que termina de hundir la reputación del país en el marco de las relaciones internacionales”.

Asegura que sí Ortega tiene una política exterior en función de sus intereses y no las del pueblo “no se puede esperar una efectiva y acertada relación del país con la comunidad internacional”.

Agrega que el régimen “basa su política exterior, y por lo tanto su diplomacia, en razones ideológicas, sectarias y enfocadas solamente en fortalecer sus alianzas políticas internacionales, que hoy representan Rusia, China y el bloque de dictaduras que actúan como sus satélites”.

Apunta que toda violación a la delicadeza de las reglas diplomáticas, a nombramientos adecuados, al profesionalismo y eficiencia de los agentes diplomáticos, pasan a segundo o tercer término, debido a que a los Ortega-Murillo “no les importa un buen ejercicio de la función diplomática, sino solo la sumisión personal, y la propaganda que los partidarios que son enviados a las embajadas van a hacer ante los países receptores, de los desmanes del gobierno”.