Indígenas entre “el miedo y la miseria” por invasión violenta de colonos
En 2015 la Corte Interamericana de DDHH otorgó medidas cautelares y provisionales a 12 comunidades indígenas donde se registraron 22 incidentes violentos, que provocó el desplazamiento de unas 25 familias
María Gómez
Con el regreso al poder del Frente Sandinista de Liberación Nacional (FSLN) en 2006, empezó el calvario de los pueblos indígenas y afrodescendientes que han tenido que salir de sus hogares en medio de la noche, entre baños de sangre, gritos y dolor para escapar de las balas disparadas por colonos.
El informe “Nicaragua: Una Revolución Fallida”, escrito por Anuradha Mittal y editado por el Instituto de Oakland documenta una serie de testimonios de miskitus víctimas de la corrupción estatal. 14 años después, cientos de familias se han refugiado en los pueblos cercanos o en las cabeceras departamentales sin ningún apoyo del Gobierno, quien ha dejado el conflicto en manos de los ciudadanos y no a como lo estipulan las leyes.
Noticia relacionada: Informe “Nicaragua: una Revolución Fallida” documenta las graves violaciones a pueblos indígenas
Uno de los testimonios plasmados en el informe describe como un hombre de Polo Paiwas, Caribe Norte de Nicaragua vio perecer a su comunidad entre las llamas y a su hijo franqueado por las balas, de quien ahora solo guarda su camisa y la gorra que llevaba puesta el día de su asesinato.
“Después de dispararles a nuestros hijos, los colonos llegaron al pueblo y quemaron hogares de la mayoría de las familias. Mi hijo fue encontrado muerto, le dispararon en la espalda y en la cabeza”, recuerda el ciudadano quien buscó ayuda de la Policía de Waspan y Bilwi, pero estos se negaron a asistirlo porque no tenían la autorización de la Policía Nacional.
A raíz de la violencia y la ausencia de la autoridad el ciudadano tuvo que migrar a Klisnak, cerca del Río Waspuk donde alquila tierras que pocas veces le da para comer. “Ahora sobrevivo con muy poco de la tierra que alquilo en Kilsnak. Trabajo para otras personas, pero no hay dinero para vivir. Vivo en una casa antigua, el techo de zinc tiene agujeros, y mis nietas y yo tenemos que enfrentar esta lluvia”.
Mujeres y niños refugiados en el bosque
Claudia Paz Paz, directora del Centro de la Justicia y el Desarrollo Internacional (Cejil) resaltó que a partir de los actos violentos registrado en 2015 la Corte Interamericana de Derechos Humanos (Corte IDH) otorgó medidas cautelares y provisionales a 12 comunidades indígenas donde se registraron 22 incidentes violentos, que provocó el desplazamiento de al menos 25 familias.

Una de las mujeres que sufrió la invasión de los colonos en 2015, en la zona de Wangki Li Aubra en Polo Paiwas, detalla como protegieron a los niños y la odisea de caminar entre el bosque por tres días.
“En la finca supimos que los colonos atacaron a nuestros hombres que se habían quedado atrás, matando a uno, y nuestras casas fueron incendiadas. Huimos de la finca y con los bebés a nuestras espaldas, caminamos durante tres días en el monte bajo una fuerte lluvia. Así es como las 12 familias desplazadas de Polo Paiwas llegaron a Wiwinak como refugiados”.
La mujer desplazada en 2016 fue nuevamente víctima de los grupos armados mientras buscaba alimentos para sus hijos, los colonos llegaron a buscar a los hombres para asesinarlos, pero ante la ausencia tuvieron que conformarse con llevarse la comida de la finca.
Actualmente, estas familias han enviado a sus hijos de siete y 13 años (en ese momento) a otros territorios para trabajar en la cocina o limpiando para ganar dinero.
“La policía nunca resuelve nuestros problemas”
Lottie Cunningham, defensora de los pueblos indígenas y fundadora del Centro por la Justicia y los Derechos Humanos de la Costa Atlántica de Nicaragua (Cejudhcan) detalló que los colonos iniciaron a llegar en 2006, con el triunfo de Daniel Ortega; para el 2007 ya habían denuncias de las mujeres indígenas sobre la invasión y se contabilizaban 45 familias afectadas; para el 2010 las denuncias incrementaron, pasaron de 400 familias indígenas expulsadas a 800; este dato era apenas en el territorio de la Costa Caribe Norte.
“Ataron a mi esposo a un árbol. También había muchas moscas. Me hirieron la mano cuando traté de mantener las moscas alejadas de él. Algunos de los colonos se fueron para ir a la comunidad. Regresaron alrededor de las nueve de la noche y me dijeron que volviera a la aldea con mis hijos, peor que mi esposo no volvería con nosotros”, recuerda cinco años después una familia indígena secuestrada por colonos; quienes todavía esperan encontrar con vida a su padre y esposo.
La minería, el narcotráfico, la ganadería y el tráfico de madera son algunos de los negocios que se desarrollan entre la legalidad y la corrupción en las zonas arrebatadas a los indígenas, quienes todavía tienen la esperanza de volver.
Foto principal de El Nuevo Diario
Más noticias: Monseñor Álvarez: Cuidémonos, no andemos pensando que este virus ya pasó