Michael Caballero y Michael Samorio : dos nicas desterrados que tejen su nuevo comienzo en EE.UU
Tanto Caballero como Samorio mantienen su compromiso por la denuncia de la situación en Nicaragua que se encuentra en manos del régimen de Daniel Ortega y Rosario Murillo.
Michael Caballero junto a su jefe Bill Valway, dueño de la compañía AP Graphics.
Michael Caballero Ayala y Michael Samorio Anderson, tienen detalles importantes en común, el mismo primer nombre, ambos son nicaragüenses y fueron desterrados de su país luego de estar en prisión por razones políticas. Este 8 de febrero cumplieron 2 años de estar en Estados Unidos, país que los ha acogido y en el que con mucho esfuerzo se han estableciendo.
Caballero es originario de Managua y tiene 33 años, fue encarcelado en 2018 porque fue policía y se negó a reprimir las protestas pacíficas. “Entonces, una vez que yo puse la baja de la policía tres meses después me llegaron a sacar de mi casa y me condenaron a 27 años y medio de prisión. Pero solo estuve 4 años y 3 meses”, cuenta Caballero.
Al preguntarle ¿por qué decidió salirse de la policía sabiendo que estabas en peligro de detención? Caballero responde con seguridad: “Además de detenerme podían matarme, yo siempre he sido una persona que hago las cosas porque pienso que son buenas aunque tengan consecuencias”. Asegura que no se arrepiente y que sigue apoyando la causa de Nicaragua.
Confía que los principales retos a los que se enfrentó una vez en Estados Unidos fue tener un techo donde dormir, bañarse, vestirse y por supuesto tener una oportunidad de trabajo.
“También teníamos ese reto, no podíamos trabajar porque no teníamos un permiso y si lo hacíamos así podríamos tener problemas al momento de solicitar el permiso ante migración. Entonces, lo mejor era tener esa oportunidad de que alguien te diera un techo”, refiere.
Más de un año con el traductor de Google
Agrega que el idioma también fue difícil pues fue acogido por una familia estadounidense en un estado donde se habla prácticamente solo inglés. “Nos ayudó una familia, digo nos ayudó porque a mi familia también, ellos son norteamericanos y no hablan nada de español y nosotros nada de inglés. Nos entendíamos con el traductor de Google. Así pasamos prácticamente un año y tres meses con ellos solo con el traductor”, señala.
Cuenta que esa familia le preguntó cuál era su experiencia laboral o en que le gustaría trabajar. “Entonces, les dije que yo tenía una pequeña empresa en Nicaragua de rotulación de vehículos, de motocicletas y todo eso”, explicó.
Detalla que su integración laboral fue facilitada por una familia que lo acogió y lo ayudó en el proceso de aplicación a un trabajo.
“Ellos me dijeron que conocían una empresa y pues aplicamos. Ella (la esposa) se encargó de hablar con el dueño de la compañía de que yo no sabía hablar inglés, pero sí era una buena persona con experiencia y todo eso”, comentó.
A pesar de las dudas iniciales del empleador, Caballero logró demostrar sus capacidades. Ahora, ocupa un puesto de liderazgo dentro de la compañía y su jefe está contento con su desempeño.
“Ya después me preguntó si tenía otras personas, llevé primero a mi esposa, después Michael Samorio y ahora estoy coordinando a ellos dos y sacando los trabajos”, comparte orgulloso.
Cuenta que su esposa y sus dos hijos se encuentran con él gracias también a la gestión de la familia que los acogió y los buenos oficios del Departamento de Estado.
Un futuro con negocio propio
Caballero ha comenzado a visualizar su futuro en Estados Unidos tras superar varias dificultades y encontrar estabilidad laboral. “Me visualizo como dueño de una compañía. Ya di un paso que es lo legal de la compañía. Ya tengo autorización en el estado de Maryland, ya vi lo que le llaman LLC que es para ya poder trabajar. Tengo mi cuenta de negocio“, explica.
Aunque su proyecto está en marcha, aún enfrenta algunos retos para consolidar su negocio. “Lo que me hace falta aún es la estructura física porque ya puedo hacer cobros en línea, ya puedo hacer mis facturas y todo eso, pero sí, me gustaría empezar tal vez en el garaje de una casa que pueda conseguir más adelante porque ya tener una estructura física es mucho más dinero, y eso tal vez con el tiempo”, comenta
Caballero trabaja constantemente en su proyecto después de su jornada laboral. “Actualmente estoy haciendo mis propios trabajos después de las 5, 5:30 hora en la que salgo de la compañía. Hago los trabajos de noche o si no los sábados y domingos le trabajo a otra compañía como subcontratista“, añade.
Asegura que en la medida de lo posible vas a continuar apoyando la denuncia de la situación de Nicaragua.
Michael Samorio junto al líder campesino Medardo Mairena. Cortesía
Encarcelado por denunciar el asesinato de su hermano
En tanto, Michael Samorio tiene 41 años y aunque nació en Managua, tiene raíces costeñas, cuenta que antes del 2018 era comerciante y laboraba en el mercado Israel Lewites. Agrega que tenía un hermano que el 21 de abril del 2018, luego de regresar de su trabajo decidió apoyar una protesta en la zona conocida como el Zumen en Managua, lamentablemente pero un francotirador acabó con su vida.
“Un francotirador le metió tres balazos, uno en el cuello, otro en el tórax y otro en el pecho. Lo mató instantáneamente. Entonces, a partir de eso, empecé a denunciar la muerte de mi hermano y todo, ese día mataron a dos personas ahí y empecé a denunciar todo lo que estaba sucediendo en el país en ese momento por las redes sociales”, cuenta.
A raiz de esa situación, paramilitares comenzaron a darle persecución, a tomar fotos, razón por la que se fue de su casa.
“Tomamos la decisión que me tenía que ir, yo he vivía en Batahola Sur, en todo momento me tomaban fotos y videos gente encapuchada y me andaban que me querían agarrar. Entonces, mi familia me dijo que tenía que irme porque si no me iban a matar a mi también. Y eso me lo dijeron en muchas ocasiones de que lo mismo que le había pasado a mi hermano me iba a pasar a mí si yo seguía denunciando y hablando todo lo que decía acerca del gobierno”, recuerda Samorio.
Recuerda que aunque andaba huyendo, tenía que buscar alternativas para mantenerse y alimentarse por lo que salía a reparar teléfonos, a compra a vender.
“Mi familia me apoyaba un poco porque la situación no estaba bien. Un lunes que yo bajo al mercado Israel Lewites, justamente frente al Hospital Berta Calderón, me atraparon dos personas de civil encapuchados, me agarraron por el cuello, me tiraron al suelo me pusieron una 9 milímetro en la frente, que pensé que me iban a matar porque no eran policías, eran paramilitares”, recuerda.
Agrega que como 10 minutos después llegó una patrulla policial y me montaron a una patrulla, me taparon la cara y me llevaron.
“No sabía dónde me llevaban pero fue a la Ajax Delgado, Delgado, me sacaron en los canales de televisión, me preguntaban por los muertos y armas. Me estaban imputando un montón de cargos lógicamente inventados por ellos. Yo en ningún momento acepté los cargos, yo dije que no porque yo no había hecho nada de eso, que yo era comerciante”.
Samorio cuenta que lo acusaban de tenencia de armas, de muertos, de asesinatos, y como querían que se inculpara hasta le fracturaron la nariz.
Finalmente fue llevada a la cárcel La Modelo condenado a 8 años y medio de prisión de los cuales pasó 3 años detenido, hasta el destierro a Estados Unidos.
¿Y ahora qué hago aquí?
Samorio, señala que una vez estado en Estados Unidos lo primero que se preguntó fue: ¿Y ahora qué hago aquí?¿Cómo hago para sobrevivir? Porque no hablo inglés…
“En ese momento no hablaba, ahora voy bastante avanzado, no tenía ningún familiar en este país, no tenía a nadie absolutamente”, comparte. Añade que luego de los 4 días en el hotel, una persona nicaragüense se hizo cargo de 10 de las personas desterradas.
“Nos fuimos a un lugar donde estábamos para mientras nos salían nuestros papeles y podíamos empezar a trabajar. Ha sido bastante duro, no se lo voy a negar, en este país he sufrido muchísimo por la falta de mi familia y de mis hijos, sinceramente estoy solo en este lugar sin nadie. Ahora gracias a Dios ya dos años de nuestra liberación he aprendido un muy buen trabajo”, cuenta esperanzado.
Actualmente me desempeño envolviendo vehículos, con vinil y polarizando vidrios, ventanas de edificios y todas esas cosas, pero el fuerte de nosotros es envolviendo vehículos. Yo trabajo con Michael Ayala, enfatiza Samorio.
Apunta que gracias a Dios, el trabajo es estable y tienen seguro médico. “ Ya con el inglés voy bastante avanzado y pues estamos bien, gracias a Dios pero el primer año fue muy difícil. Yo anduve lavando inodoros, limpiando supermercados, después ahí en Miami anduve en construcción, pintando casas, en todo lo que me saliera para trabajar y sobrevivir”, narra.
Samorio recuerda que al inicio también tuvo un gran problema porque había rentado un cuarto pequeño pero la persona que se lo rentó, no era el dueño y cuando este último se enteró lo echó a la calle.
“Anduve tres días durmiendo en las calles de Miami y pues gracias a Dios una persona de buen corazón me apoyó. Luego hablé con mi amigo y me vine para este Estado donde ahora resido”, comparte.
Música para recordar la historia del país
Este nuevo año quiero compartir algo que es importante para mí, señala Samorio, cuenta que cuando era más joven, en Nicaragua estuvo con un grupo de muchachos cantando y ahora ha retomado la música pero enfocada en sus vivencias.
Escribo canciones y ya he lanzado algunas, por ejemplo “tengo una que es un homenaje para todos los caídos” especialmente para mi hermano y para mi mamá, “a los 8 meses de estar en prisión mi mamá murió de depresión y del corazón porque le mataron a su hijo menor y después a mi me condenaron a muchos años de cárcel”, comparte.
Lamenta que durante esos 8 meses de prisión no la pudo ver ni recibir una llamada. Esa experiencia la reflejo en mi canción y ahora “tengo una canción que habla de la lucha”, de esa manera quiero que los jóvenes y toda la gente “conozca nuestra historia y no se olviden de lo que ha pasado el pueblo de Nicaragua por culpa de ese régimen”.
Samorio espera pronto obtener su refugio y algún día poder sacar del país a sus hijos.