Mamá Grande: La matriarca miskita que sobrevivió la «Navidad Roja» y que hoy lanza un SOS en el exilio

Actualmente “Mamá Grande”, a quien también se le conoce como “Mamatara”, señala que, pese a las dificultades para vivir en el exilio, continuará alzando la voz por el respeto de los territorios miskitos

  • 5:27 am
  • May 16, 2023
Mamá Grande líder indígena
República 18

A cinco años del estallido social y a dos de su exilio, Susana Marley Cuningham, de 65 años, conocida como “Mamá Grande”, de 65 años, se enfrenta a situaciones complejas debido a la falta de oportunidades, la vigilancia del régimen, el desempleo y las condiciones precarias del exilio.

“Iba a hacer algo de comer hoy para cuando el niño regresara del colegio, pero se acabó el gas”, aseveró Mamá Grande mientras sostenía con pesadumbre una bolsa de arroz a punto de terminarse y una botella de aceite.

Ese día, tuvo que esperar que la Iglesia Católica de “La Carpio”, San José, Costa Rica, terminara la comida que preparaba diariamente para repartir entre personas sin hogar.

“Los miskitos estamos sufriendo dos exilios con situaciones muy tristes por la falta de alimentos, medicamentos y el alquiler de casas. Hay veces que hay trabajo, pero a veces no y el alquiler va corriendo”, comentó Mamá Grande al exponer las situaciones económicas por las que enfrenta la población miskita en el exilio.

Foto reportaje: La comunidad miskita nicaragüense también es migrante

La Costa Caribe de Nicaragua ha sido objeto de varias violaciones a sus derechos humanos por parte de varias administraciones, especialmente por la dictadura sandinista.

En una resolución del 14 de octubre de 2021, la Corte Interamericana de Derechos Humanos (Corte IDH) amplió las medidas de protección otorgadas a ocho comunidades indígenas miskitas de la Costa Caribe Norte de Nicaragua para incluir la comunidad de Santa Fe del territorio indígena miskitu Wanki Li Aubra, así como a las personas que hayan tenido que abandonar esta comunidad y desearan regresar.

La invasión de las tierras indígenas se acentuó en la década de 1990, cuando se entregó terrenos a desmovilizados del Ejército y de la Resistencia.

En el cuarto que alquila en “La Carpio” Mamá Grande convive con cuatro personas más. Foto: Houston Castillo/ República 18.

En 1998 fue radicado en la Comisión Interamericana de Derechos Humanos, el casoComunidad Mayagna (Sumo), Awas Tingni Vs. Nicaragua”, donde la comunidad demandaba reconocimiento de sus derechos frente a la concesión maderera otorgada por el gobierno de Arnoldo Alemán a favor de una empresa.

“Los derechos ancestrales de nuestras tierras han sido violados totalmente desde los años 80 para acá y nosotros como hijos de nuestra tierra madre la defendemos y los que han defendido hay muchos hombres y mujeres valientes que yacen sus tumbas en los corazones de sus comunidades”.

Actualmente “Mamá Grande”, a quien también se le conoce como “Mamatara”, señala que, pese a las dificultades para vivir en el exilio, continuará alzando la voz por el respeto de los territorios miskitos, una lucha que inició hace 40 años.

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Antes de iniciar el reclamo a los derechos de los miskitos, Mamá Grande recuerda que los tiempos de siembras y cosechas eran “muy alegres” entre su comunidad.

“Mi día a día antes de 1982 consistía en estudiar y sembrar arroz. Cosechábamos, comíamos y pilábamos el arroz, porque no teníamos molino. Era alegre. Cocinábamos pijibayes, tubérculos. Eso era muy alegre, la verdad”, contó con una gran sonrisa en el rostro.

Uno de los grandes problemas que enfrentó Mamá Grande fue la diferencia de idiomas entre su comunidad y los educadores, por lo que, para aprender español, tuvo que hacerlo a cambio de productos agrícolas.

Cosechar para estudiar

“Durante mis estudios, recuerdo que no podía pagar mi cuota de los estudios y hablamos con los Hermanos de La Salle del Instituto Nacional 11 de Septiembre y los que no teníamos dinero, teníamos que limpiar todos los pabellones los sábados. Fue una linda experiencia el hecho de que nos costara lo que estábamos estudiando”, contó.

“A nosotros nos costó mucho porque no sabíamos hablar español y tuvimos que aprender español para podernos graduar”, puntualizó.

Graduación en medio de “la esperanza sandinista”

Mamá Tara se graduó de docente en el año en el que triunfó la Revolución Sandinista en 1979 y recuerda que, además de la alegría por haber obtenido su título de docente, la población miskita recibió con mucha esperanza el triunfo de la Revolución después de muchos años de abandono por parte de la administración somocista.

“Cuando me gradué en 1979, fue muy bueno y una alegría. En ese momento había formación docente y enfermería y de todas las comunidades viajaban a Bilwás Karma, municipio de Waspám a estudiar. También desde Bluefields llegaban a estudiar”.

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“La lucha por la defensa por nuestros derechos humanos comenzó desde diciembre de 1982, con la “Navidad Roja”. Soy sobreviviente de la “Navidad Roja. Teníamos la idea de que con la llegada de los sandinistas, todo iba a estar mejor y hasta las campanas de las iglesias sonaban. Pero la realidad es que en esa década inició la matanza a los miskitos”, dijo.

Sin embargo, la situación empeoró a partir de 1982, con los movimientos armados de “La Contrarrevolución”, el surgimiento de veteranos líderes, como Setedman Fagoth y Brooklyn Rivera, actualmente, aliados de la dictadura sandinsita.

Sin dudas, Mamá Grande reafirma que su lucha por los derechos de los miskitos y sus territorios comenzó en 1982, con el desplazamiento y asesinatos de “La Navidad Roja”.

Ortega pidió perdón pero siguió asesinando

Mamá Grande recuerda que después de la década de 1980, el actual dictador Daniel Ortega fue al Río Coco, pidió perdón a los miskitos y prometió el respeto de la Ley de Autonomía.

Esto significó continuar la denuncia, por lo que el Estado separó a Mamá Grande de sus plazas como docente en escuelas públicas.

“Esa fue la promesa, pero cuando regresó él comenzó a asesinar a nuestro pueblo. Después de la guerra, se siguió matando gente con las minas. Yo seguí denunciando y por eso no pude seguir ejerciendo. Yo hice la denuncia internacional y perdí mi plaza en el 2003”, dijo.

“Sobrevivíamos. Allá, llegamos hacer pan y lo que no se vendía se les regalaba a las comunidades indígenas que no tenían mucha comida. Los fines de semana hacíamos sopa y ganábamos, a la vez que seguía haciendo las denuncias. Y ahora no voy a callarme, porque no hemos hecho daño a nadie”, comentó.

Retorno de Ortega: el asedio, cárcel y exilio

Con el retorno al poder de Daniel Ortega en 2007, la situación empeoró. Los líderes caribeños recibían asedio policial, del Ejército de Nicaragua y de los colonos armados.

En 2014, por sumarse al reclamo de los campesinos que demandaban la no construcción del Canal Interoceánico y la derogación de la legislación que lo permitía, fue apresada.

“El asedio fue permanente para muchos líderes miskitos. Cuando menos lo esperabas, la Policía estaba en mi casa. Allanaron mi casa varias veces y llegaban sesenta o setenta hombres, como si fuera un delincuente. Una vez, llegaron con unas bolsitas que sacaban con guantes y acompañados de varios medios de comunicación”, refirió.

En diciembre de 2021, luego de asedio constante, incluso en zonas en las que se desplazaba, abandonó Nicaragua junto con otros líderes de su territorio.

Las condiciones de vida empeoraron para Mamá Grande. En un pequeño cuarto que alquila en La Carpio, prepara comida para intentar alimentar a cinco personas que la acompañan.

“Allá en Nicaragua tenemos patio grande, pero acá estamos como en una cajita de fósforos. Acá estamos viviendo cinco personas en un pequeño cuarto”, dijo.

Sin embargo, actualmente conserva la esperanza de regresar “para cosechar y sembrar”