La intrépida historia de Yubrank Suazo, el líder juvenil de Masaya: “Mi mamá dice que he nacido tres veces”
Suazo proviene de una familia trabajadora que tiene una fábrica de hamacas en Masaya. Fue encarcelado arbitrariamente en 2019 y 2022, reconoce que lo más difícil ha sido la separación forzosa de sus padres a quienes añora “abrazar” una vez que regresé a Nicaragua
Yubrank Suazo, el líder juvenil de Masaya, recuerda que ha cumplido años en dos ocasiones estando en la cárcel arbitrariamente como consecuencia del ataque frontal que ha mantenido desde 2018 la dictadura de Daniel Ortega y Rosario Murillo. Entre risas dice que su mamá le ha dicho que ha nacido tres veces: la primera en 1990, la segunda tras su excarcelamiento en 2019 y la más reciente el 9 de febrero pasado. Este próximo 29 de septiembre cumplirá 33 años en libertad.
“Estos 32 me tocó cumplirlo en prisión al igual que en 2018 mis 28 años los cumplí en prisión, y espero que sean los únicos años por razones políticas tener que pasar estos malos ratos de mi vida”, afirmó Suazo a República 18. En Nicaragua, estudiaba el cuarto año de la Licenciatura de Psicología en la Universidad Centroamericana (UCA).
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Enseguida añadió que como dice su madre “he tenido tres nacimientos, el primero en 1990 cuando me parió, el otro el 11 de junio de 2019 cuando me encarcelan bajo la famosa Ley de Amnistía y la última, el 9 de febrero de 2023 cuando me encarcelan y me mandan a Estados Unidos”. En 2019, estuvo encarcelado durante nueve meses y un día, en el 2022 estuve casi 9 meses, por eso mi mamá “dice que he nacido tres veces porque cumple casi el período de gestación”.
Inició una vida dentro de la sociedad civil de Nicaragua desde 2008, cuando se denunciaba el fraude electoral, la flagrante violación a la Constitución Política de Nicaragua, como la reelección presidencial. Aseguró que su experiencia le sirvió en 2018, cuando junto a compañeros de lucha democrática como Cristian Fajardo, Santiago Fajardo y otros nombres de personas que fueron importantes en el trabajo de organización espontánea tras la brutal represión policial que ejecutó el régimen en Masaya.

“El 18 de abril, un grupo de amigos convocamos desde las redes sociales a manifestarnos en contra de lo que considerábamos que era una violación a los derechos humanos y civiles, sobre todo condenar los actos de agresión a las personas de la tercera edad que había ocurrido en León”, rememoró Suazo.
Encarcelamiento y destierro
En el momento más álgido de la crisis sociopolitica en Nicaragua, el rol de Suazo en la vocería del Movimiento 19 de Abril conllevó a que empezará a ser víctima de un sinnúmero de represalias, amenazas, persecución en contra de su familia y su persona.
“Haber decido ser una de las caras visibles de la lucha de Masaya más que lo negativo, me quedo con lo gratificante, el cariño y la solidaridad de mi pueblo y de mi gente”, reconoció Suazo.
Aunque enseguida afirmó que en todo camino largo hay momentos difíciles. “He recibido malos tratos, amenazas de muerte, de encarcelamiento que se llegaron a concretar, amenazas a la quema de mi casa que lo hicieron, asedio, y hoy enfrentarme a un exilio forzado, ser un apátrida legalmente, pero con la convicción de que mi nacionalidad, mi identidad, mi ser no me lo quita ningún régimen de turno. Ante estas circunstancias no queda más que aferrarme a mi fe, a mis principios, como dice mi papá ‘en los momentos más difíciles es cuando el hombre demuestra de qué madera está hecho‘”, puntualizó.
Suazo conoce de cerca la represión policial, no duda en afirmar que “en las dos ocasiones de mi encarcelamiento fue bastante difícil y complejo, y viene desde la separación de la familia y más cuando uno viene de una familia muy unida, yo vivía con mis padres solamente, y ese desapego de no saber qué estaba pasando con ello que son señores que pasan 73 años o más, el estrés de no saber qué estaba pasando conmigo era tormentoso para ellos y las condiciones físicas y sanitarias en las que me mantenían eran deplorables pues siempre me mandaron a celdas de máximo aislamiento. Me tenía que enfrentar a esa lucha psicológica a la que el régimen se encarga de destruir, psicológico y emocionalmente al preso. Gracias a Dios logre resistir y aquí estamos”.

A la fecha el líder juvenil sostiene que nunca estuvo en sus planes exiliarse, y no le cuesta hacer memoria a una experiencia que le marcó su vida y afianzó su decisión. “Por el asedio y hostigamiento mi papá me había pedido que me fuera a vivir a otra casa, y ese día que me mandan una mochila de ropa me encontré una joven de Masaya que al verme con la mochila lo primero que le hace es ponerse a llorar y me dice ‘Yubrank nos dejás sólo’ y lo tengo muy presente, y no es que me adjudique el liderazgo de Masaya, pero siento que la gente ha depositado confianza, cariño y debo ser congruente con lo que he dicho y no me puedo sentir representando a un pueblo estando lejos de ellos, no compartiendo con ellos sus alegrías y tristeza, y esas son las razones por las cuáles nunca opté por un exilio”, aseguró.
Suazo apuntó que no ha sabido qué le ha dolido más si los encarcelamientos y el exilio. “Ambos conllevaron la separación de mi familia, te desarraigan de tu entorno y más doloroso aún cuando no has pensando en esa posibilidad. Emocionalmente al enfrentarme a esa realidad me quebró emocionalmente, pero como un hombre de fe que soy le he pedido a Dios la gracia de afrontarla, siempre le pido a Dios que me conceda la oportunidad de llegar a Nicaragua y saber que me espera mi mamá y papá vivo, esa es la cruz que me toca cargar día a día en el exilio“, reconoció.
Sobre su vida en EE.UU. contó que está el proceso de sus documentos, incluyendo el de trabajo. “Al igual que la mayoría de los 222, con gran esperanzas de crecer en todos los sentidos de manera integral en esta nación que nos ha abierto las puertas para desarrollarnos y poder crecer”, explicó.
Quema de su casa y el taller de hamacas
El 4 de julio de 2018, la casa de Wilfredo Suazo, padre de Yubrank Suazo, fue quemada por motorizados encapuchados en la madrugada. En la vivienda funcionaba un taller de hamacas con la que la familia Suazo brindaba trabajo a familias de Masaya del área rural, que “fue uno de los daños que ocasionó el régimen orteguista al quemar la casa”.
Sin embargo, tras su primera excarcelación junto a su familia decidieron continuar con su negocio.
“La fábrica de hamacas Vicente Suazo continúa laborando, y esperamos poder continuar tejiendo el futuro de una Nicaragua libre”, acentuó.
Irónicamente Suazo no puede tejer hamacas. Dice que su trabajo en el taller o negocio familiar ha sido “la decoración”, es decir, “elegir los colores a combinar que llevan las hamacas”. Pero lo que sí sabe es bailar folclore “es mi fascinación, yo llevó bien arraigado mi identidad, mis costumbres y tradiciones de mi Masaya”, reconoció entre risas, pues lo empezó a practicar desde que tenía 1 año y que con el tiempo perfeccionó.
En la entrevista se le consultó sobre su reacción al veto en la iniciativa Monteverde, a lo que Suazo recalcó que “yo creo en el trabajo conjunto, en la suma de esfuerzo, ha sido mi principal consigna en los últimos, esta lucha no se debe ver como una lucha de ideologías políticas pero como opositores tenemos el compromiso y deber de ir creando dentro de la sociedad el ejercicio de las prácticas democráticas se debe dejar las mañas del pasado”.
Remarcó que “abril nos enseña a los nicaragüenses a las nuevas generaciones, que el veto, y el reconocimiento de liderazgo radica en el pueblo no en un círculo social, político o económico”.