Entre las redadas de Trump y la represión de Ortega: los temores de los nicaragüenses en Estados Unidos
Un migrante nicaragüense en el Estados Unidos de Trump bien podría pasar de un verdugo a otro al momento de ser deportado, imprimiendo en él una angustia existencial.
Jamás lo disimuló. Ni en 2016, ni en 2020, ni en 2024: Donald Trump desde siempre ha querido a los migrantes fuera de los Estados Unidos. Pero tras asumir la presidencia por segunda vez el 20 de enero de 2025, con un gabinete de cuadros leales y una base energizada, finalmente pudo empezar a cumplir su promesa plenamente.
El resultado es la corriente campaña de deportaciones masivas que ya cuenta más de 200 mil expulsiones de migrantes, incluyendo a por lo menos 1189 nicaragüenses, entre crecientes preocupaciones sobre derechos humanos y respeto a las garantías procesales elevadas por organismos no gubernamentales, activistas, periodistas y la oposición del Partido Demócrata.
El ambiente es uno de temor.
“El ICE (Servicio de Inmigración y Control de Aduanas) entró hoy a varias carnicerías hoy donde yo vivo. Entraron como a tres lugares. La percepción de miedo es fuerte en la gente“, dijo a República 18 un migrante nicaragüense asentado en un estado del interior bajo condición de anonimato. “Incluso cancelaron las clases de inglés a las que iba”, agregó.
Las redadas han golpeado ciudades con alta concentración de nicaragüenses, como la Miami el pasado 13 de junio, cuando agentes de ICE detuvieron a unas 11 personas a menos de una cuadra del restaurante de comida nicaragüense Pinolandia.
Estos operativos han generado protestas en distintas ciudades, inicialmente en Los Ángeles, a las cuales Trump ha respondido con despliegues policiales-militares contendidos en las cortes. Tales actos represivos reviven los peores momentos de la crisis sociopolítica de abril de 2018, cuando el régimen sandinista desplegó a sus fuerzas de seguridad contra manifestaciones pacíficas.
Para junio de 2025, las autoridades migratorias han detenido a 207 mil migrantes presuntamente indocumentados, según datos oficiales proporcionados por Tricia McLaughlin, subsecretaria de Seguridad Nacional, a la revista Time.
En cualquier momento pueden llegar
“El impacto emocional de las deportaciones tiene impacto, primera y especialmente, en los niños. La separación familiar, la pérdida de hogar y comunidad, la ansiedad, el miedo y la depresión son algunas de las consecuencias más comunes“, señaló a República 18 una psicóloga que optó por el anonimato por razones de seguridad.
Pero más incluso que las redadas en sí, el temor de que en cualquier momento puedan deportarte genera mayores afectaciones. Casos como el de la familia nicaragüense prácticamente emboscada por ICE en Phoenix, Arizona, el pasado 23 de mayo ejemplifican la naturaleza de estos operativos: súbitos, invasivos y diseñados para atemorizar.
No en vano han sido comparados por sus detractores con las redadas anti-judías perpetradas por el régimen nacionalsocialista de Adolf Hitler entre 1933 y 1945, por medio de la Geheime Staatspolizei (Gestapo, la Policía Secreta del Estado).
Un presunto migrante irregular es detenido por agentes migratorios de Estados Unidos en Clark Gables, Florida. Enero, 2025. Foto: Cortesía
“El miedo y la incertidumbre pueden tener un impacto negativo en la salud mental de toda una comunidad, no solo en aquellos directamente afectados por la deportación”, señala la experta. “Pueden desencadenar o agravar problemas de salud mental como ansiedad, depresión, estrés postraumático“, agregó.
Otros síntomas notables, ya de por sí presente en buena parte de la población migrante en situación vulnerable, incluyen cambios en los patrones alimenticios y de sueño, lo que desencadena deficiencias en el rendimiento laboral o escolar. Dichas deficiencias, en un contexto donde el trabajo se realiza con pocas garantías, puede afectar negativamente la calidad de vida, señaló la experta.
La represión en Nicaragua
“Definitivamente (la deportación) es un evento traumático para los niños, generando estrés que puede afectar su desarrollo cerebral, psíquico y hasta físico”, lamentó, añadiendo que las opciones para los deportados no son las mejores. Por un lado, muchos no pueden regresar a Nicaragua por motivos políticos.
El régimen sandinista, según reportes de organismos de derechos humanos, ha detenido a ciudadanos deportados por motivos políticos. “Para ellos volver a Nicaragua no es opción y el asilo, hoy por hoy, no lo está extendiendo Estados Unidos como antes“, señaló, refiriéndose a una pausa indefinida impuesta por Trump al sistema de refugio estadounidense.
Quienes no poseen antecedentes de activismo o una postura crítica tampoco la tienen fácil si intentan regresar. Para empezar, no está claro que el régimen permita su reingreso, una medida ampliamente documentada por el periodismo independiente. En algunos casos, el régimen exige que se le rinda pleitesía a la pareja de “copresidentes” y una compensación monetaria.
“Por otro lado”, anota la fuente, “hay un cambio súbito. Muchos migrantes extrañan su país, pero tampoco están listos para volver. En el caso de Nicaragua, no sólo se trata de la falta de oportunidades económicas, sino también de un ambiente donde las libertades más básicas han sido suprimidas“, agregó la experta.
Oficiales de la Policía Nacional someten a sobrevivientes de un sangriento operativo contra manifestantes en Carazo en el punto álgido de la crisis sociopolítica. Julio de 2018.
“En Nicaragua el temor es mayor. Mientras que en Estados Unidos existe un Estado de derecho al cual apelar en caso de algún abuso o arbitrariedad, y aunque lenta la Justicia casi siempre es una garantía, en Nicaragua cualquier tropiezo, cualquier expresión de oposición puede ser interpretada por el régimen como una amenaza“, agregó.
Quienes no pueden volver a Nicaragua, y si han alegado y fundamentado su “temor creíble“, bien podrían encontrarse en uno de los denominados “terceros países seguros”, donde igualmente encaran las dificultades propias de la migración. Dependiendo del país, incluso pueden ser victimizados con detenciones, como ha ocurrido con algunos migrantes en El Salvador.
La administración Trump ha abierto la posibilidad de la autodeportación, un proceso legal al que muchos migrantes han optado para evitar los peores efectos de la deportación. La administración lo retrata como un proceso seguro e incluso ofrece compensación monetaria de hasta mil dólares por persona para quienes deciden optar por esa vía.