“Salirse de la Juventud Sandinista es como salirse de una organización criminal”, dice ex JS
Un joven exmiembro de la Juventud Sandinista y que ahora está en EEUU cuenta lo que se vive en esta organización en Nicaragua
Más que el ala juvenil de un partido, la Juventud Sandinista (JS) se asemeja más a una fuerza de choque del Frente Sandinista, partido que desde 2007 controla con mano de hierro Nicaragua sustentado en la figura del dictador Daniel Ortega y su esposa y vicepresidente, Rosario Murillo.
La organización se fundó el 23 de agosto de 1979, poco más de un mes después del golpe de Estado que llevó al Frente Sandinista de guerrilla a fuerza pujante en un gobierno de transición, mismo del que se acabarían apoderando.
Lea además: Exmiembros de la UNEN, el brazo represor del régimen en universidades, se van al «imperio»
En su origen, la organización buscaba aglutinar a diferentes células estudiantiles que habían colaborado con las actividades clandestinas del Frente Sandinista contra el anterior gobierno de Anastasio Somoza Debayle.
“Jamás cumplió con sus propios ideales desde su fundación en 1979. Había modelos autoritarios desde el inicio, siempre se rigió por un coordinador con una sola línea impuesta; ellos decían que el militante tenía que ser disciplinado” y obediente, relata un joven que participó en la JS hasta alrededor de 2017-18, quien prefirió permanecer bajo el anonimato por temor a represalias.

“Te imponen agenda, te imponen una normativa. Si alguien se desvinculaba o salía, lo catalogaban como traidor“
Así fue históricamente su papel.
Primera línea de violencia revolucionaria
En la década del ochenta, durante la primera dictadura sandinista, la JS tenía un doble papel. Por un lado, era uno de los cuerpos encargados de ejecutar los programas clientelistas del sandinismo.
Los jóvenes sandinistas entregaban bonos de alimentos, láminas de zinc e incluso participaron en el esfuerzo de alfabetización, pero al mismo tiempo eran responsables de contribuir al reclutamiento forzoso de cientos de miles de jóvenes en edad escolar para sostener la guerra contra la Contrarrevolución en las montañas y campos del país.

Eran los encargados de vigilar a los reclutas y a cualquier joven con tendencias disidentes en centros educativos, como relató Luciano García, entonces un jovencito involucrado en la llamada “Cruzada de alfabetización”, en un reportaje de Magazine:
“Llegaban a mi sección a sacarme y amenazarme y decirme que me iban a golpear“, todo eso “por reclamar que no nos enseñaran el padre nuestro sandinista y porque nos opusimos a repetir que entre sandinismo y revolución no existe contradicción”.
A García lo amenazaron de muerte y se vio obligado a salir al exilio. Entonces la JS también servía como fuerza de choque del partido, como también lo hace en este nuevo periodo de dominio revolucionario en Nicaragua.
En 2018, la naturaleza de la JS quedó expuesta cuando, el 18 de abril, en el contexto de las protestas por las reformas al seguro social, turbas sandinistas señaladas de pertenecer a la organización atacaron las instalaciones de la Universidad Centroamericana, abriendo así otro capítulo sangriento en la historia de Nicaragua y una crisis cuyas consecuencias siguen sintiéndose cinco años después.
Guardia personal de Murillo
“La Juventud Sandinista tiene la única misión de seguir las instrucciones de Rosario Murillo; su estructura alrededor del Ministerio de la Juventud estaba completamente bajo su control” señala la fuente, quien además menciona como parte de la estructura de mando a Fidel Moreno, secretario político de la alcaldía de Managua, y a Erick Ruiz, coordinador de la JS en ese tiempo, ahora desaparecido del ojo público.
Moreno fue sancionado por los Estados Unidos el 5 de julio de 2018, señalado de “actos de violencia cometidos por la Juventud Sandinista y grupos armados progubernamentales que han sido implicados en numerosos abusos contra los derechos humanos relacionados con las protestas (entonces) en curso contra el gobierno nicaragüense”.
Incluso en asuntos apolíticos, como actividades deportivas, denuncia que existía un control absoluto sobre el trabajo que se debía hacer, lo que se debía vestir y otras orientaciones que se transmitían a través de un grupo de WhatsApp llamado RedComunicadores, “y que seguramente todavía existe”.

“Rosario Murillo hacía bajar estas orientaciones a Fidel Moreno, quien luego baja esas orientaciones”, aunque considera probable que ahora Christian Rojas y Guadalupe Padilla, “las dos personas que han estado permanentes y han sido fieles a la doctrina sandinista, como dicen ellos”, hayan ganado mayor prominencia en la jerarquía.
Son estos dos individuos, asegura, quienes “vigilan los laboratorios de INATEC y otros en diferentes puntos del país. Son encargados de supervisar toda la comunicación que sale de todos los apéndices de la Red de Comunicadores para que siga el discurso de Rosario Murillo“.
“Salirse es como salirse de una organización criminal”
“Hay grupos violentos, coordinadores que han violentado verbal, física y hasta sexualmente” a militantes de la JS, según denuncia el joven. “Siempre se ha callado, es un problema a nivel nacional, pero estas denuncias no salen a la luz porque simplemente trasladan a los culpables a otras instancias; es algo natural al partido” añade
Las únicas ofensas que tratan con seriedad, según cuenta, son las de “traición a la ideología, a los ideales del partido“. “Se aplica la disciplina, que consiste en desconectar completamente a esta persona” de todas las instancias posibles, aislándolo de toda la estructura. En su opinión, se trata de “una muerte civil“.
“La JS se encarga de hacer el trabajo sucio del partido en las comunidades, en los barrios, en los departamentos y es la que se encarga de infiltrarse en universidades para identificar opositores y disidentes” lamenta.
Por todo esto, el joven asegura que muchos de sus antiguos compañeros, aunque decepcionados, no pueden salir de la organización dadas las posibles represalias que podrían enfrentar. “Te pueden acusar de algo que no hiciste, empiezan una persecución frontal” asevera.
“Hay una desilusión general que me expresan varios contactos, pero salir de la JS es como salirse de una organización criminal, es como salirse de un sicariato” concluye.