Yader Morazán, el abogado nica que divide su tiempo entre el activismo y su trabajo como obrero en una fábrica en EE.UU.
Morazán habló con República 18 sobre su salida del país, el proceso de exilio en Estados Unidos y su labor como abogado
Yader Morazán Flores, de 38 años, es oriundo de Matagalpa y salió al exilio en agosto de 2018 como consecuencia de la persecución de la dictadura de Daniel Ortega y Rosario Murillo por haber criticado dentro del Estado y haber denunciado públicamente la represión estatal que sufrían los nicaragüenses tras el estallido de la protestas antigubernamentales.
“Soy matagalpino, norteño, bebedor de café cien por ciento”, dijo a República 18 entre risas Morazán quien es un activista, exfuncionario del Poder Judicial de Nicaragua y especialista en Administración de Justicia con enfoque de género.
Morazán explicó que tuvo que dejar Nicaragua después que trabajadores del régimen le habían planificado un traslado forzado en el que pretendía atentar en su contra en el camino “aduciendo que los azules y blanco eran quienes atentaba en mi contra por ser trabajador del Estado”.
El especialista en Administración de Justicia es hijo de Alfonso José Morazán Castillo, militar en retiro y estuvo detenido por el régimen orteguista y fue liberado en mayo del 2019, y hermano del activista Yasser Morazán.
“Toda mi familia pese a venir de tendencias sandinistas rompieron fila con hechos tan repudiables como los que sucedieron en abril 2018, mi papá fue preso político, sin embargo, nosotros nunca dejamos de denunciar”, señaló.
Confesó que “yo he escogido el camino más largo y peligroso que corresponde a los procesos dictatoriales, el camino de la justicia, enfocado en buscar la manera de documentar y promover una cultura jurídica y señalar a los perpetradores”.
Reside en Estados Unidos y la reunificación familiar
Para el exfuncionario del Poder Judicial lo más difícil del exilio fue haber abandonado el proyecto de vida que tenía trazado en Nicaragua. Actualmente es residente en Estados Unidos.
“Soy una persona sociable y que había centrado mi proyecto de vida en mi preparación profesional, dentro del Poder Judicial después de conocer cómo funciona pensé que no podía hacer carrera sino que dedicarme a estudiar y a la docencia universitaria, en eso había centrado mi proyecto de vida logrando hacer una maestría y dos especialidades; una en psicología forense y otra en derecho y familia”, apuntó.
Morazán quien se encuentra refugiado en Estados Unidos compartió que el otro momento más difícil que le tocó atravesar fueron las preguntas de su hijo de seis años. “Pasó más de cuatro años, preguntándome ¿papá cuándo volveré a ver a mi mamá?”, mencionó.

Destacó que como le ha tocado pausar su proyecto de vida ha encontrado refugio en el activismo de derechos humanos a través de redes sociales. “Me ha hecho sentir que sigo siendo un profesional, que estoy contribuyendo a la sociedad y encima de eso mi aporte puede tener una repercusión y ser valorado”, indicó.
Morazán compartió que una vez que logró llevar a Estados Unidos a la mamá de su hijo a través del parole humanitario sintió que “me he quitado de encima un peso, ya que de alguna manera el entorno te culpabiliza por haberte exiliado, y haberte separado de tu familia y haber separado a mi hijo de su familia, incluyendo a su mamá, no es fácil vivir con la presión de un niño que te hace la misma pregunta una y mil veces”.
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Tras la reunificación familiar, confesó que se siente tranquilo porque de alguna manera ha podido compartir las responsabilidades de criar un hijo, desde la educación, salud y atender sus actividades de recreación.
El abogado Morazán figura entre los 94 nicaragüenses a los que el régimen orteguista despojó de su nacionalidad el 15 de febrero pasado. El activista confirmó que decidió aplicar a la ciudadanía española ofrecida por el gobierno de Pedro Sanchez a los apátridas.
Obrero en Toyota y su activismo en redes sociales
El activista divide sus días a días entre el trabajo y la denuncia de violación a los derechos humanos, en Estados Unidos trabaja como obrero en una planta de Toyota por las noches.
“En una fábrica de Toyota opero una soldadora de lácer”, describió.

Morazán confesó que es un poco difícil hacer activismo y tratar de sobrevivir en un país ajeno al suyo: “Esto le pasa a muchos de los activistas, y es que nos corresponden buscar trabajos que nos permitan de alguna manera estar al pendiente de la situación del país”, dijo.
Describió que uno de sus primeros trabajos fue pintar apartamentos y lo que hacía era cargar siempre en el carro una ropa de cambio.
“Me llevaba un traje formal en el carro mientras tenía receso me cambiaba y hacía una entrevista, y después continuaba pintando”, compartió.
Enseguida afirmó que en un tiempo se dio cuenta de que su aporte jurídico ayudaba mucho a la creación de narrativas y el entendimiento de los hechos repudiables. “Aunque ya me estaba incorporando en mi vida social en este país, sentí la necesidad de seguir dando mi aporte, de los 35 mil abogados son pocos los que estamos ejerciendo una labor activa, de denuncia, de análisis, de investigación jurídica”, remarcó.