Mientras EE.UU insiste en libertad del obispo Álvarez, Ortega arremete contra la Iglesia católica de Nicaragua
La abogada y autora de la investigación Nicaragua: ¿una iglesia perseguida?, Martha Patricia Molina califica el discurso de Ortega “sin fundamentos” y lleno de incoherencias.
El secretario de Estado de Estados Unidos, Antony J. Blinken, manifestó a través de un comunicado que continuarán utilizando las herramientas diplomáticas y económicas disponibles para promover la rendición de cuentas por los abusos del régimen de Daniel Ortega y Rosario Murillo en contra de los nicaragüenses, al mismo tiempo que reiteró la liberación de monseñor Rolando Álvarez, obispo de la Diócesis de Matagalpa, actual preso político condenado a más de 26 años de cárcel.
“Reiteramos nuestro llamado a la liberación inmediata e incondicional del obispo Álvarez e instamos a la restauración del espacio cívico para el pueblo de Nicaragua”, indica en el comunicado emitido por Blinken, después de que el Departamento del Tesoro de Estados Unidos sancionó a una jueza y dos magistrados orteguistas por considerar que han colaborado en la persecución, encarcelamiento y destierro de opositores en Nicaragua.
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Por la tarde, el dictador Ortega envalentonado por la presencia del canciller ruso Serguéi Lavrov aseguró que las sanciones “nos causa ningún temor, ninguna preocupación a los compañeros que son sancionados“. Las declaraciones de Ortega se dieron tras un encuentro de bienvenida a Lavrov, quien durante su gira por Latinoamérica visitó por unas horas Nicaragua, y fue recibido primero en el Aeropuerto Internacional Augusto C. Sandino por su homólogo Dennis Moncada y el hijo de la pareja dictatorial, Laureano Ortega.

Por la noche, el dictador compareció en cadena nacional acompañado solamente por Rosario Murillo, la cogobernante y vocera de su régimen, para conmemorar según dijo el Día Nacional de la Paz, que fue declarado este año en su afán de borrar la memoria colectiva de los nicaragüenses sobre el estallido de la crisis sociopolítica como consecuencia de la brutal represión que ejecutó la dictadura para aplacar las protestas antigubernamentales, y dejó a 355 nicaragüenses asesinados, según contabiliza la Comisión Interamericana de Derechos Humanos (CIDH).
El dictador llamó “caínes” a los opositores, “terroristas” a los presos políticos y “obispos del demonio” a los obispos de la Iglesia católica del país.
La abogada y autora de la investigación Nicaragua: ¿una iglesia perseguida?, Martha Patricia Molina califica el discurso de Ortega como “argumentos sin fundamentos” y afirma que se debe a que el dictador ve “a Iglesia católica a su principal enemigo”
“Es la costumbre que tiene de culpar a otros por las arbitrariedades que ellos cometen y el turno esta vez le correspondió a la Iglesia católica recibir esas incoherencias y ataques porque ya Ortega-Murillo han perseguido a todas las fuerzas opositoras hasta obligarlos a salir del país y ve en la Iglesia católica a su principal enemigo”, señaló Molina.
Asimismo, opinó que los líderes de la Iglesia católica no caerán en sus provocaciones porque “(ellos) más bien guardan silencio, ya que saben que con Ortega no se puede dialogar porque el régimen solo responde con balas, asesinatos, torturas y destierros”.
“Obispos del demonio”
Como era de esperar Ortega repitió el discurso del supuesto golpe de Estado que intentaron supuestamente ocasionar los opositores en 2018 bajo la financiamiento de los Estados Unidos, y sin mediar palabras arremetió en un discurso virulento contra los líderes de la Iglesia católica de Nicaragua a quienes acuso de incitar a la violencia.
“Todos fuimos testigos de cómo las iglesias se convertían, no todas, pero muchas iglesias se convirtieron en cuarteles de donde salían grupos armados a atacar a la población y atacar a las unidades de Policía y la Policía con la orden de no responder a esos ataques”, expresó esta tarde Ortega.
El dictador los acusa porque según él, fueron testigos de “cómo sacerdotes profanando a Cristo, sin ningún respeto a Dios le decían a los criminales que tenían ahí atrapados, amarrados, pintados, golpeados, sangrando, a un joven nicaragüense, a una mujer, a un policía, como luego le regaban combustible y le pegaban fuego, y como ellos mismos filmaban el crimen, eso no lo ven los fariseos que visten de sotana y que hablan en nombre de Cristo”.
Enseguida, Ortega, al intentar reescribir lo que pasó a su conveniencia, expresó que en 2018 le pedía a Dios paciencia, mientras “trataba” de persuadir a los obispos de la Conferencia Episcopal de Nicaragua (CEN) que participaron como mediadores en el primer fallido diálogo nacional, y a quiénes volvió a acusar de voceros del imperialismo yanqui, en particular se lanzó contra el obispo Álvarez.
“Nos pidieron una reunión y fuimos e hicimos la reunión enfrentando a todos los señores obispos y bueno, pensábamos que ellos querían hablar para ver cómo se tranquilizaba el país y con qué nos salieron, un obispo cuyo nombre no lo voy a mencionar, hizo una introducción nada más hablando de que habían pedido esa reunión porque querían presentarnos, entregarnos un documento, hablaron varios de ellos más o menos en esos términos y luego, el que le gusta desfilar con el Santísimo por las calles y en carroza, se soltó ese fue el que llevó la palabra y empezó a hablar como el gran líder de la oposición“, vociferó Ortega.
Durante el extenso discurso virulento, reconoció que no dio ninguna repuestas a los lideres religiosos en ese en ese momento, pero dijo que desde muy adentro se burló de que a lo mejor los obispos después de la intervención tanto Ortega, Murillo y su régimen se irían del país. “Pensé estos creen que ya nosotros tenemos un pie en el avión, que ya tenemos el avión encendido, están locos digo yo, pero no quise decirles nada, está bien vamos a analizarla (la carta) les dije claro que sí, con diplomacia, con modo para qué pelear ahí con ellos porque al final de cuantos pobres diablos, que Dios los perdone como yo los perdono, yo no guardo odio para ellos, nunca he guardado odio”, aseguró.
Se alza contra el Vaticano y Juan Pablo II
Posterior, Ortega elevó su discurso contra el Vaticano, empezó a criticar las dos visitas que realizó a Nicaragua el papa Juan Pablo II (q.e.p.d) y acusó al Vaticano de ser un Estado “intervencionistas al servicio de los imperialistas” en alusión a EE.UU.
“Cuál fue el grito que gritaron algunos obispos, queremos la paz, ese fue el grito con que se recibió a su santidad Juan Pablo II, queremos la paz, queremos la paz santidad, queremos la paz y ese grito queremos la paz, le sonaba mal y cuánto le rogaron al Papa ahí las madres, Santo Padre una oración por nuestros hijos, madres creyentes en el papa y no la hizo la oración por nuestros hijos, no la hizo, más bien se molestó y gritó silencio como un buen dictador, como un buen tirano gritó silencio, no se nos puede olvidar”, recordó a su conveniencia el dictador.
Otra vez se declaró como católico y recordó supuestamente como le enseñó a rezar su mamá “me decía hijo todos los días reza, tres Padres Nuestros y tres Ave María, rezo todos los días los tres Padres Nuestros y tres Ave María, porque creo en Cristo y creo en Dios”, sin embargo, no desaprovechó el momento para insultar y vociferar “nuestra práctica ha sido de creyentes. Una cosa es creer en Dios, en Cristo, otra cosa es creer en la actuación de los fariseos, sepulcros blanqueados”.
Después de señalar a los obispos nicaragüenses y a la Santa Sede, Ortega les hizo un llamado para que reflexionen: “Ojalá recapaciten los señores obispos y que recapacite también el Vaticano, que piensen en Cristo un poco, y que empiecen a actuar como cristianos, y no que se sientan porque tiene un hábito, tienen una sotana, tienen la fuerza y la autoridad de hacer lo que les da la gana”.