Banco Central apuesta por tasa de cambio fijo en Nicaragua, ¿qué se puede esperar?
Aunque posee ventajas, economistas señalan que esta política debe ejecutarse con cuidado y competencia para evitar crisis e inflación
El Banco Central de Nicaragua (BCN) anunció este miércoles, 9 de agosto, que la tasa de deslizamiento para el tipo de cambio entre el córdoba nicaragüense y el dólar estadounidense será de 0% a partir del año 2024.
Es decir que la tasa de cambio oficial quedará congelada en 36.62 córdobas por dólar a partir de 2024 y no habrá ya tasa de deslizamiento, que es el ritmo que el BCN fija para la devaluación del córdoba en relación al dólar, a partir del 1 de enero del próximo año.
Las autoridades del Banco Central revelaron que la decisión, comunicada con 4 meses de antelación para “facilitar la formulación presupuestaria del Estado, la programación monetaria del BCN y la planificación de los negocios”, se tomó en un intento de “compensar los efectos de la elevada inflación internacional en la economía nacional, para favorecer de esta manera el poder adquisitivo de la población“.
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Según el comunicado, las autoridades del BCN consideraron la política “en un marco de políticas macroeconómicas e indicadores macro financieros adecuados y porque la evolución económica reciente presenta”, supuestamente, una serie de aspectos e indicadores positivos en medio de ya cinco años de crisis sociopolítica con ramificaciones en la economía nacional.
Estos serían “actividad económica creciente, finanzas públicas consolidadas, balanza de pagos financiada, sistema financiero estable, reservas internacionales creciendo y estabilidad monetaria y cambiaria” como para fijar en 0% la tasa de deslizamiento, medida que aseguran “contribuirá al fortalecimiento de la moneda nacional”, en opinión de las autoridades.
Posibles beneficios
Daniel Suchar, economista costarricense, explicó a República 18 que esta clase de decisiones relacionadas al tipo de cambio “tienen un gran componente de ideología, de pensamiento del gobernante”, algo que no calificaría como negativo “mientras existan las reservas (económicas) que lo respalden”.
“Cuando un país implementa una política de devaluación cero, quiere decir que es un cambio fijo impuesto por un gobierno” explicó Suchar, añadiendo que “todo el país acaba con un cálculo matemático más sencillo que en algunos casos facilita las conversiones“, y reiterando una vez más que “esto debe estar apoyado en una liquidez monetaria importante y va a traer consecuencias tanto positivas como negativas”.
Suchar explica que esta política no es nada novedoso, sino que se ha visto en muchos otros países. Recalcó que “estas políticas han ido acompañadas por la continua y estricta supervisión del Banco Central, el cual debe tener un flujo de dólares considerable que sostenga el intercambio fijo entre ambas monedas”.
Grandes riesgos
El problema surge, advierte el economista, cuando países con “ideología contraria al capitalismo”, posicionados geopolíticamente en contra de los Estados Unidos en concreto, no logran sostener ese flujo de dólares necesario para una política de cambio fijo.
Tal es el caso de Nicaragua, cuyo jefe de Estado, Daniel Ortega, ha contribuido con actos y palabras al deterioro de las relaciones con el país del norte, al punto de que su administración ha sido objeto de múltiples sanciones de Estados Unidos y países aliados.
“Si el tipo de cambio no se sostiene con liquidez, resulta artificial porque no se sujeta a los mecanismos del mercado y eso traduce en crisis económicas, y el surgimiento de un mercado negro del dólar“, concluyó Suchar, quien señaló a Venezuela, país que sufre una crisis económica brutal desde hace varios años y que ha visto tasas de inflación descomunales, como un caso ilustrativo de los efectos negativos de una política de cambio fijo mal llevada.
Un cambio previsible
En Nicaragua la tasa de deslizamiento se ha venido reduciendo en los últimos años, según explicó el académico y ex-candidato a la presidencia, Juan Sebastián Chamorro. “Era previsible y los economistas lo veníamos anticipando” al ver las reducciones en la tasa de deslizamiento.
La tasa de deslizamiento bajó del 5 al 3% en 2019, y luego, a partir del 1 de diciembre de 2020, del 3 al 2% anual. Del 1 de febrero hasta el final de este año, se habrá hecho la reducción final del 1 al 0%, “lo que era un régimen de cambio extraño, porque el mecanismo de la tasa de deslizamiento ya casi no se utiliza en el ámbito internacional”, señaló Chamorro.
Chamorro especula que Ortega con esta política apunta hacia la reducción de la inflación y la simplificación de las finanzas públicas, que ya no tendrán que tomar en cuenta el cambio a futuro al momento de formular contratos y se regirán por una tasa constante.
Chamorro considera que Ortega buscaría beneficiarse de las remesas que llegan a Nicaragua del trabajo de ciudadanos nicaragüenses en el extranjeros, que este año han ido progresivamente alcanzando cifras récord a raíz del masivo exilio experimentado por el país en los últimos años.
“No hay un peligro en este momento de que el Estado de Nicaragua no pueda sostener esta tasa de cambio fijo, pero podría ocurrir en el futuro” concluyó Chamorro.