Joven migrante nicaragüense en su travesía hacia Estados Unidos se enfrentó a la muerte y a la delincuencia

Es el relato de Thelma, de 29 años, que después de vivir por más de 20 años en Costa Rica, decidió emprender el “sueño americano” y en el trayecto vio morir a decenas de migrantes.

  • 1:38 am
  • Ene 6, 2023
Joven migrante
República 18

A sus 29 años, Thelma sabía que migrar hacia Estados Unidos no sería para nada fácil en su vida. Antes del viaje en ningún momento pasó por su mente que, en el trayecto cruzando el Océano Pacífico de México, vería una lancha volcarse con decenas de migrantes o ver cómo en otra lancha arrojaban al agua a un hombre que murió desnucado cuando golpearon fuerte una ola y él estrelló su cabeza contra el borde del navío. El cuerpo del migrante quedó flotando a la deriva en el mar y con él también se fue su desconocido nombre.

Thelma es una mujer nicaragüense que a sus cinco años llegó junto a su familia a Costa Rica, buscando como miles de familias más una mejor vida al sur de Nicaragua. Aunque son pocas quienes logran encontrar una estabilidad económica que les permita vivir tranquilamente, sin pensar en migrar a un tercer país. Como ocurre actualmente, según han relatado los mismos nicaragüenses.

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A finales de 2022, tras 24 años viviendo en Costa Rica y contar con su residencia, Thelma decidió tomar el riesgo de irse para Estados Unidos. Su idea era llegar para cumplir “el sueño americano” y poder ayudarle económicamente a su mamá, quien se quedó trabajando en San José, la capital costarricense donde históricamente se han asentado los nicaragüenses migrantes.

Una travesía por mar y tierra

Thelma salió de Costa Rica hacia Nicaragua, donde pasaría encontrándose con su hermano para seguir juntos el trayecto. Compraron dos paquetes en los ya conocidos “viajes turísticos” a Guatemala, desde donde seguirían para llegar a la frontera guatemalteca y mexicana. Pero en Guatemala, al escucharles el acento, hasta un taxista se aprovechó de ambos para “quitarles” más dinero.

Durante todo su recorrido por Guatemala, Thelma y su hermano fueron retenidos en la carretera en varias ocasiones por policías, quienes les pedían “mordidas” (soborno económico) en dólares para dejarlos pasar. En redes sociales muchos migrantes nicaragüenses ya han denunciado que esta es una práctica común en las autoridades policiales guatemaltecas, aprovechándose de la vulnerabilidad de los viajeros.

“Nos decían: ‘me tenés que dar plata’. Entonces le dada 20 yo, y 20 mi hermano. En otro, 50 yo, y 50 mi hermano. Nos quitaron mucho dinero. En ese momento no recuerdo cuánto, pero sí fue bastante”, relató Thelma a República 18.

En Tecún Umán, zona fronteriza guatemalteca, Thelma y su hermano se comunicaron con una persona que los cruzaría de Guatemala hacia México por mar. El hombre los trasladó a una ciudad portuaria del lado mexicano, donde se albergaron en una casa por tres días para así poder abordar otra lancha.

“Se escuchaba la policía. Seguramente andaba rondando, entonces había que guardar silencio. Ahí en la casa había comida, pero la verdad todo me daba asco. Entonces le pedí a uno de los hombres que me fuera a comprar comida. Pero era carísimo, porque te cobran 30 o 35 dólares”, sostuvo Thelma.

Un viaje peligroso

Al subirse a la lancha, los capitanes les dijeron que el viaje duraría unas siete horas. Pero fue el triple de eso: Pasaron 16 horas viajando en contra de las olas para evitar encontrarse con la guardia costera mexicana.

“Dijimos: ¡Dios fue grande!”

“Fue horrible, la verdad. Nosotros cuando llegamos solo dijimos: ‘¡Dios fue grande!’ Además en el trayecto mi hermano se me descompuso y yo no sabía de dónde agarrar fuerzas, porque me sentía con la obligación de ayudarlo. Yo solo le cuidaba la cabeza. Vomité, fue horrible, no sé cómo lo logramos”, cuenta Thelma.

Asimismo, relata que la lancha viajaba a alta velocidad. Pero que arribaron a tierra firme en San Pedro de Tapanatepec, Chiapas, donde hasta hace unas semanas estaban otorgando los permisos para circular en teoría sin problemas por México. Pero en la práctica no era así. Hasta las autoridades migratorias y policiales cobraban coimas o rompían dichos permisos.

En San Pedro, para obtener el permiso, debían inscribirse en una enorme lista donde estaban personas de muchos países del mundo, principalmente de Venezuela, Cuba Nicaragua, República Dominicana y Ecuador. Si quería el permiso más rápido debía pagar de 20 dólares a más, para que en una semana lo tuviera en sus manos.

Mientras esperaban tuvieron que alquilar un lugar donde dormir que les costó por cada noche 100 pesos mexicanos (casi seis dólares). Era una casa, dice Thelma, en donde había colchones por todo el piso, en donde dormían juntos hombres, mujeres y niños. Cuando ellos llegaron no habían colchones. Tuvieron que dormir sobre unas delgadas cobijas, que no les protegían del frío de la noche.

En ese lugar pasaron 14 días, hasta que les dieron el permiso migratorio. Para ellos fue algo eterno, comenta Thelma. En las noches también escuchaban balaceras, como una muestra de cómo se mueven los grupos del crimen organizado en México.

Permiso por un mes para atravesar México

“Cuando salimos de ahí nos dieron el permiso por un mes, cuando antes lo daban por siete días. En ese tiempo vos tenés que pasar toda Ciudad de México, luego Ciudad Juárez y cruzarte”, recuerda.

De San Pedro de Tapanatepec tomaron un transporte hacia Ciudad de México y, en cada retén, les quitaron los policías 250 dólares a ambos. En México esperaron hasta el siguiente día para comprar los boletos hacia Ciudad Juárez.

“Compramos el boleto. Pero mi hermano iba con una fiebre horrible. Yo le ponía paños, no dormí nada, tenía días de no dormir. Se subían a cada rato a pedirnos dinero en pesos mexicanos. Me di cuenta que el esposo de una prima había sido secuestrado, fue horrible”, narra Thelma.

Desvío para evitar secuestro

La joven, que en Costa Rica trabajaba como estilista, relata que el bus hacia Ciudad Juárez tuvo que desviarse porque el bus que iba adelante de ellos fue secuestrado por miembros de un cartel mexicano. Tras el desvío, llegaron a otro retén de la policía mexicana, quienes les pidieron más dinero a ellos y los demás migrantes.

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Al llegar a Ciudad Juárez, todos le dieron dinero extra al chofer por haber tomado una vía alterna para evitar el secuestro y llevarlos a salvo hasta la ciudad fronteriza con Estados Unidos. En el lugar, llamaron a un taxista que los cruzó por un río. Al llegar a la rivera sintieron el alivio que no pudieron sentir en todo el viaje… y cruzaron.

“Le dije a mi hermano: ‘¡Ya, lo logramos, estamos acá!’. Empezamos a caminar porque nos dijeron que camináramos hasta que viéramos a los policías gringos. Empecé a caminar, yo iba llorando y mandándole un vídeo a mi mamá, para decirle que ya lo habíamos logrado. En ese momento llegó un carrito y nos dijeron: ‘welcome to the United States'”.

“Ya no llorés más, estás libre en Estados Unidos”

Subieron al vehículo de la patrulla fronteriza y les dijeron que botaran todas las pertenencias que llevaban consigo, a excepción de su celular, su cargador y sus documentos de identidad. Fueron trasladados hasta un refugio donde tomaron sus datos personales.

“A mí me metieron a un cuarto frío, a mí no me dieron cobija. El primer día como que te atormentan. Ellos te dicen, estás preso, emigrar es algo ilegal, es un delito”, recuerda Thelma.

“Al salir te das cuenta que es un lugar bonito, pero es una cárcel. Me metieron en un lugar donde hay cientos de mujeres, el frío es horrible y yo me sentía enferma. Hay una luz que nunca te la apagan, llegan a hablarte a cada hora”.

Al tercer día de estar en el refugio, Thelma y su hermano fueron liberados. Ella cuenta haber padecido de una fiebre tan fuerte que sus ojos estaban rojos. Las mujeres que estaban con ella pidieron atención o pastillas a los oficiales, pero no les hacían caso.

“Yo recuerdo que cerré los ojos, pero las chicas no me dejaban dormir porque les daba miedo que no despertara. En ese momento escuché mi nombre, salí de la celda y un oficial me dijo: ‘Ya no llorés más, estás libre en Estados Unidos'”.

Thelma actualmente está en San Francisco, California, a donde llegó la segunda semana de diciembre tras haber invertido unos tres mil dólares.

Thelma y su hermano llegaron a tiempo a Estados Unidos, donde el presidente Joe Biden anunció este jueves 5 de enero de 2023 el cierre de fronteras para los migrantes de Nicaragua, Haití y Cuba. Una medida que busca frenar la ola migratoria que ha roto las cifras históricas y son comparadas a las ocurridas durante la Segunda Guerra Mundial.