Migrantes nicaragüenses necesitan atender sus traumas
El desarraigo es un sentimiento tan profundo que puede implicar consecuencias tan serias, que debe ser tratado, asegura la especialista en derechos humanos. “El estrés causado por el exilio, de tener que salir de esa forma, se prolonga en el tiempo. El problema de la salida de las personas nicaragüenses es que es un exilio forzado, no querido y muchos de ellos vienen con graves secuelas por tragedias que vivieron allá. Con todo un cuadro bastante traumático”.
La arribada masiva de exiliados a Costa Rica ha significado muchos retos logísticos y de políticas dirigidas hacia los migrantes. Tanto el Estado costarricense, como las organizaciones que trabajan en pro del bienestar de este grupo humano que huye de la represión, han abierto sus puertas y han facilitado la entrada a decenas de miles de nicaragüenses, venezolanos, colombianos, hondureños y salvadoreños.
Gabriela Rodríguez Pizarro, ciudadana chilena/costarricense, radicada en el vecino país centroamericano, asegura que hay aspectos muy positivos en la política adoptada por Costa Rica y otros negativos. Ella es ex relatora de la Organización de Naciones Unidas (ONU) y le ha dado seguimiento al tema de las migraciones forzadas durante toda su carrera, tanto en Centroamérica, en los años 80 y en Sudamérica, durante los conflictos armados internos en esos países.
Rodríguez Pizarro también es exiliada. Tuvo que huir de su país natal, Chile, durante la dictadura de Pinochet. Se asiló en Francia con su familia donde tuvo que trabajar lavando y planchando ropa para ganar algo de dinero, mientras sus notas escolares llegaban. Luego de unos años se mudó a Costa Rica, donde empezó a trabajar el tema de derechos humanos de los migrantes.
El desarraigo es un sentimiento tan profundo que puede implicar consecuencias tan serias, que debe ser tratado, asegura la especialista en derechos humanos. “El estrés causado por el exilio, de tener que salir de esa forma, se prolonga en el tiempo. El problema de la salida de las personas nicaragüenses es que es un exilio forzado, no querido y muchos de ellos vienen con graves secuelas por tragedias que vivieron allá. Con todo un cuadro bastante traumático”.
Para la ex relatora de la ONU, la política de puertas abiertas ha sido algo muy positivo, pero piensa que el proceso de acogida a este grupo de migrantes podría ser mejor. “No solo basta abrir las puertas, también hay que hacer funcionar el derecho internacional”. El problema aquí es que los nicaragüenses han llegado a un país que es bastante hostil para ellos”. Esto en referencia a los estereotipos que marcan a los migrantes nicaragüenses en Costa Rica.
Desde los años 70, han existido flujos migratorios hacia Costa Rica, principalmente de campesinos, indígenas y personas analfabetas, quienes, generalmente laboran en trabajos como construcción, servicios domésticos u otro tipo de trabajos. Pero la migración que se ha dado durante este exilio ha sido de universitarios, cuadros políticos, profesionales y personas que tienen un mayor grado de escolaridad, personas que también han salido del país con un cuadro traumático por la represión vivida en su país.
Migrantes nicaragüenses excluidos
A pesar del grado de conocimiento que este grupo de migrantes, las posibilidades de tener un trabajo formal son reducidas, debido a la exclusión que sufren por ser nicaragüenses y a la crisis laboral que azota a Costa Rica. También, los procesos de obtención de refugio son demasiado largos y esto ha significado un gran obstáculo a la hora de contar con papeles que faciliten tu prosperidad.
“Aquí hay una población que está encapsulada, que ni le han dado el estatus de refugiado, pero que tampoco le han dado los papeles necesarios para sentirse un poquito más seguro”. Aunque, para Rodríguez Pizarro, la responsabilidad no solo debe de recaer en Costa Rica, quien ha acogido a un aproximado de setenta mil nicaragüenses y personas de otras nacionalidades. “Hace falta el compromiso de la comunidad internacional, el país se comportó bien, con su política de políticas abiertas”.
De igual manera, Rodríguez Pizarro señala que la población exiliada nicaragüense, es un grupo que necesita una atención sicosocial por los graves traumas que la represión del régimen Ortega-Murillo. Sin embargo, el gran numero de personas que han llegado a Costa Rica es abrumador para los organismos que atienden a los que llegan. Hasta el momento son ciertos grupos y organizaciones que de manera gratuita, atienden a las personas que están disponibles a recibir terapia. “La atención sicosocial no es que sea la panacea, es integral; es la escucha, es la contención, es rehacer tu proyecto de vida, es tener documentos, es ser persona, es poder ser persona nuevamente y no un objeto de ayuda, si no un sujeto de su historia”, concluyó.