Nicaragüenses exiliadas denuncian sufrir violencia en instituciones de Costa Rica
Las nicaragüenses señalan que hay funcionarios costarricenses que no conocen los derechos de las personas migrantes o refugiadas, y por ello, pasan por encima de quienes han huido de sus países por situaciones políticas, sociales y económicas
Mujeres nicaragüenses exiliadas en Costa Rica aseguran que la violencia que sufrían en Nicaragua se repite de alguna manera en instituciones de Costa Rica.
Esta violencia estaría principalmente atizada por la xenofobia y aporofobia hacia las personas que han migrado o se han desplazado de manera forzada hasta territorio tico, especialmente los nicaragüenses, señalan organizaciones defensoras de derechos humanos.
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“Vivimos violencia”
Para Elena, una nicaragüense originaria de Masaya y a quien llamaremos así para proteger su identidad, la violencia y discriminación es un fenómeno que vive “en carne propia y a diario”.
“Desde el momento en que llegás a Migración, no podés preguntar información porque te quedan viendo mal los guardas, no te la dan y no te dicen donde tenés que dirigirte para acceder a un documento acá en Costa Rica”, dijo.
Elena es una de las más de 180 mil nicaragüenses que, según la Dirección General de Migración y Extranjería costarricense, solicita refugio tras huir de la persecución política sufrida en Nicaragua.
Migró a Costa Rica con su hija menor de edad
Ella se fue a Costa Rica en compañía de su hija menor de edad, quien luego de los cruentos enfrentamientos entre manifestantes y policías en Masaya, comenzó a padecer diabetes pese a su corta edad.
Por ello, la hija de Elena debe de tener un seguimiento adecuado para su enfermedad, mismo que Costa Rica se ve obligado a cumplir tras ser firmante de la Convención sobre los Derechos del Niño y la Niña (CDN), según su legislación.
“Al ratificar la CDN, Costa Rica asumió responsabilidades indelegables con la niñez y la adolescencia ante la comunidad internacional”, se lee en un documento firmado por la Dirección General de Migración y Extranjería y el Patronato Nacional de la Infancia (PANI).
Esto garantizaría que el Estado costarricense debe implementar lo descrito anteriormente sin discriminación alguna, sea por motivo de origen, nacionalidad, etnia o condición migratoria irregular.
Sin embargo, la hija de Elena no ha podido ser atendida en ningún Centro de Salud de Costa Rica. A pesar de ser menor de edad y sufrir de una enfermedad crónica.
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“Desde que vas a los servicios de salud y no te tratan bien, no solo por el hecho de ser solicitante de refugio, el hecho de ser mujer también te hace muy vulnerable ante cualquier situación”, asegura Elena.
Violencia estatal fuera de sus países
Para “Laura”, activista feminista en el exilio desde 2018 las mujeres exiliadas en Costa Rica han sido víctima de violencia “en muchos sentidos”.
Ella destaca principalmente la discriminación como factor de violencia hacia las mujeres exiliadas, la violencia machista, la violencia estatal “porque de alguna manera, en las oficinas estatales de estos países los empleados públicos no están informados sobre los derechos de las personas refugiadas”.
Laura también destaca que las mujeres migrantes son víctimas de violencia de género, especialmente las activistas que reclaman el respeto a sus derechos aunque estén fuera de su país y las activistas políticas.
“El estar vulnerable económicamente también lleva a que las mujeres sufran de abusos de todo tipo; sexual, psicológico, físico y etc. Porque no todas las mujeres tienen las mismas condiciones”, agregó.
Por su parte, “Sonya”, activista feminista y afrodescendiente esta violencia que viven las mujeres se debe analizar desde la “intersexionalidad”, pues además de ser mujeres muchas exiliadas sufren discriminación por no hablar español o por ser afrodescendientes o de pueblos originarios.
“Si para una mujer mestiza se ve visible la discriminación, para una persona afro o indígena es como cinco o seis veces peor”, agregó Sonya.
Ella también destaca que en Costa Rica “no hay una voluntad política por parte del Estado para aclarar los derechos de los solicitantes de refugio”. Lo que alimenta la discriminación, xenofobia y aporofobia.
Nicaragüenses migrantes llevan “la vida en una maleta”
Un estudio realizado por el Centro de Estudios Transdiciplinarios de Centroamérica (CETCAM) asegura que miles de mujeres migraron a fin de encontrar certidumbre y mejores oportunidades para ellas y sus familias.
El estudio sobre la reconfiguración de la violencia hacia las mujeres en Nicaragua, asegura que esta migración, a su vez se vio empujada debido a la situación general de crisis sociopolítica en el país, así como los duros efectos económicos sobre las familias.
El estudio fue realizado con un grupo de 60 mujeres que se encuentran dentro como fuera del país. Se realizaron seis grupos focales, tres presenciales y tres virtuales.
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“Hay coincidencia entre todas las participantes en que la combinación de crisis sociopolítica y los efectos de la pandemia han afectado seriamente la situación económica de las familias en general, pero especialmente de los hogares jefeados por mujeres”, señala el estudio.
La crisis que se vive en Nicaragua ha obligado a muchas mujeres a desplazarse de manera forzada para escapar de la represión estatal o a migrar para buscar una mayor seguridad para ellas y sus familias.
“Muchas de ellas frecuentemente viven en un ciclo de violencia dentro de sus núcleos familiares, pero también en los lugares donde llegan, particularmente Costa Rica porque muchas veces son el blanco de la xenofobia”, agrega.
Nicaragua vive una de sus peores crisis en tiempos de paz, el régimen de Daniel Ortega mantiene encarcelados a 220 presos políticos, 19 de ellas son mujeres que se encuentran en celdas de máxima seguridad y no pueden ver a su familia e hijos.