Sobreviviendo a la violencia machista dentro de un centro de refugio neerlandés
Violencia sexual y falta de seguridad para las mujeres en los centros de refugiados en Países Bajos: el valiente testimonio de una estudiante nicaragüense en el exilio
Solange Saballos
Cuando “Macs” ─seudónimo de esta estudiante nicaragüense─ decidió exiliarse a Países Bajos a causa de la persecución política, jamás se imaginó las amenazas a su integridad que le tocaría enfrentar como mujer en un país del llamado “primer mundo”, sobre todo siendo una solicitante de protección internacional.
Sin embargo, la resiliencia ha aflorado en medio de las duras circunstancias que ha afrontado en un centro de refugiados en Limburg, provincia neerlandesa al sur de Países Bajos.
De estudiante a solicitante de asilo político
Su vida en Nicaragua era la típica de una estudiante de la Universidad Centroamericana (UCA): ir a clases, compartir con sus amistades y luchar por sus ambiciones profesionales. Sin embargo, todo cambió en abril 2018, cuando Macs se indignó ante las violaciones a los derechos humanos cometidas por la dictadura Ortega-Murillo: decidió salir a las calles a protestar cívicamente.
Pero pronto se convirtió en blanco de persecución por ejercer su derecho a la libertad de expresión, resultando el exilio su única alternativa para sobrevivir a las amenazas de prisión o asesinato que el régimen ORMU receta a cualquiera que se oponga a su tiranía. Detalla que se decidió “cuando vi que no podía ejercer mis derechos como persona, ni siquiera el derecho fundamental de estudiar, que considero uno de los derechos más importante que el ser humano pueda tener”.
De familia sandinista, para Macs participar en las protestas implicó un desgarramiento de su unidad familiar, ya que llegó a recibir “amenazas no sólo de simpatizantes del gobierno, sino también dentro del núcleo familiar”.
Su familia se dividió entre combatientes históricos que lucharon contra la dinastía somocista, pero que son críticos del orteguismo, y los que se quedaron encallados en el pasado: “en la época en donde los Yankees siempre serán enemigos y todo aquel que esté en contra de ellos será visto como vende patria”, relató.
Peligros dentro de los centros de refugiados neerlandeses para las mujeres
Deseosa de recuperar sus derechos humanos básicos, así como de huir de las amenazas, Macs decidió partir al exilio junto con su esposo, escogiendo Países Bajos como el país que le vería empezar una nueva vida.
No obstante, vivir en un Centro de Solicitantes de Asilo ─AZC en sus siglas neerlandesas─ dista de ser un comienzo sencillo, pues el proceso de aplicación puede llegar a durar hasta dos años, sin garantía alguna.
Macs cuenta que “ha sido una transición bastante dura, cansado, sentís que estas en el limbo. En donde no sabes que es lo qué va a pasar, donde perdés la noción del tiempo al estar limitada, sabiendo que no podés hacer nada más que esperar. Creo que de haber venido sola no hubiera aguantado estar acá, afortunadamente mi pareja está conmigo”.
En el AZC le toca convivir con refugiados de distintas latitudes del mundo, siendo lo único que tienen en común ser desplazados por la violencia. Pero no todos llegan con intenciones de rehacer su vida, y el peligro acecha dentro de los centros de refugio, sobre todo para las mujeres: los reportes de acoso sexual suelen ser ignorados por los oficiales de los centros de refugio.
En el caso de Macs, ella fue testigo de un caso de violación dentro del lugar en el que buscó protección, de parte de un solicitante de refugio a otra refugiada, una mujer latina.
Dicha experiencia le marcó profundamente, dejándole un hondo sentimiento de vulnerabilidad, pues Macs ya había denunciado ante los responsables del centro al abusador por acoso sexual: “Ese suceso me absorbió mucho, creo que me quitó una parte de mi inocencia, en donde pensé que en países como este no suceden cosas así, más aún en un lugar que se supone es seguro para los solicitantes de asilo (…) Aunque yo no fui la víctima directa sí tuve antecedentes con quien abusó. Yo puse queja ante la organización. Sin embargo, hicieron caso omiso. Tuvieron que acontecer cosas muy fuertes para que pudieran reaccionar.”
La resiliencia y la esperanza como respuesta ante la violencia
Aunque a Macs le ha costado lidiar con el miedo derivado de la inseguridad, ella se mantiene firme en su propósito de rehacer su vida en este país europeo, así como en denunciar a la dictadura en Nicaragua desde su activismo como autoconvocada y la protesta cívica, siendo parte de plantones convocados por la comunidad nicaragüense en Países Bajos.
“Me doy ánimos a mí misma, me digo que todo esto va a pasar, nadie dijo que esto iba a ser fácil y trato de darme fuerzas. No obstante, creo que al estar en pareja ayuda más y a fortalecer el uno al otro”, compartió.
Macs hace un llamado a empatizar con la situación de los solicitantes de refugio, y brinda valiosos consejos para lidiar con la espera: “Tengan paciencia. Rodéense de personas positivas que no sean problemáticas ni tóxicas, en donde tengan la confianza para ser ustedes mismos y ser escuchados.”
También invita a todo exiliado nicaragüense a mantener la esperanza como estandarte: “Todo va a pasar, esto es un proceso no muy fácil, pero todo pasa. Verán que pronto nos vamos a reír y seremos grandes personas. No se marginen, al estar en el exilio no significa que tenemos que siempre sufrir. Al contrario, disfruten, tenemos a derecho a vivir. No se olviden: PATRIA LIBRE Y VIVIR.”
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